Hoy escuché un comentario del candidato a la presidencia Ariel Robles que me pareció interesante de analizar. Él decía que el presidente Rodrigo Chaves ha insistido en que no logró acuerdos en la Asamblea Legislativa, y que por eso muchos de sus proyectos no avanzaron. Es un argumento que el propio presidente ha repetido varias veces: que los diputados bloquearon su gestión.
Sin embargo, Robles hizo notar algo muy revelador. Dijo que, cuando el presidente realmente necesitó a la Asamblea para que no le quitaran la inmunidad, sí consiguió los votos. Es decir, cuando el asunto era personal, logró negociar; cuando era nacional, no.
Y eso, más que un ataque, es una observación profunda sobre la coherencia del poder. Porque si en un momento tan delicado se pudieron tender puentes, convencer diputados, acercar posiciones y conseguir apoyo, ¿por qué no se hizo lo mismo con los proyectos del país?
¿Será que no se quiso? ¿O que no convenía políticamente hacerlo?
En política —como en la vida— hay algo peor que no poder: no querer.
Y el argumento de Robles nos deja frente a una duda legítima: si el presidente fue capaz de articular acuerdos para sí mismo, ¿por qué no para Costa Rica?
Sabemos que durante los períodos de sesiones extraordinarias el Ejecutivo tenía la posibilidad de presentar proyectos a la Asamblea y no lo hizo. Ese tiempo, que pudo usarse para avanzar en temas urgentes, simplemente se desperdició. Y mientras tanto, el discurso público siguió alimentando la idea de que el enemigo era el Congreso.
Tal vez el problema no haya sido la falta de puentes, sino la decisión de no construirlos.
Porque negociar no es rendirse: es saber escuchar, ceder un poco y comprender que gobernar no se trata de ganar todas las batallas, sino de lograr resultados.
Y si un presidente es capaz de convencer a quienes le son opuestos cuando su inmunidad está en juego, también podría convencerlos cuando lo que está en juego es el bienestar del país.
Por eso, más allá de simpatías o afinidades políticas, vale la pena reflexionar: no toda imposibilidad es falta de poder; a veces, es falta de voluntad.