
El pasado 22 de junio de 2026, la periodista Lucía Astorga, en un reportaje publicado por La Nación, expuso una preocupación que merece ser tomada con absoluta seriedad. Diversos especialistas advierten que el crimen organizado ya no busca únicamente enfrentarse al Estado con violencia, sino infiltrarse silenciosamente en sus instituciones, aprovechando espacios donde pueda obtener influencia, protección o información.
Si esa preocupación llegara a consolidarse, no estaríamos hablando únicamente de un problema policial. Estaríamos hablando de un desafío para la democracia, para la confianza ciudadana y para el futuro del país.
En Apacigua hemos sostenido durante mucho tiempo que las grandes amenazas de una nación no siempre llegan haciendo ruido. Algunas aparecen lentamente, cuando las personas dejan de creer en la ética, cuando la función pública pierde el sentido del servicio y cuando la ciudadanía deja de vigilar a quienes ejercen el poder.
Por eso creemos que la respuesta no puede limitarse únicamente a más patrullas, más cárceles o penas más severas. Todo eso puede ser necesario, pero nunca será suficiente si descuidamos la formación de las personas que toman decisiones todos los días dentro de las instituciones.
Necesitamos servidores públicos con una profunda integridad personal. Necesitamos instituciones fuertes e independientes que puedan resistir cualquier presión indebida. Necesitamos ciudadanos que comprendan que la democracia no se defiende solamente cada cuatro años con un voto, sino todos los días, observando, participando y exigiendo transparencia. Y necesitamos volver a colocar la ética como la primera barrera frente a la corrupción.
Precisamente por esa razón nació Apacigua.
Mientras muchas organizaciones concentran todos sus esfuerzos en reaccionar cuando los problemas ya explotaron, nosotros hemos decidido trabajar antes de que ocurran. Hemos desarrollado talleres para asesores legislativos, materiales de formación, proyectos educativos, espacios de reflexión y propuestas dirigidas a fortalecer la conciencia de quienes tienen la enorme responsabilidad de servir al país.
Nuestro objetivo nunca ha sido señalar culpables. Ha sido formar mejores ciudadanos y servidores públicos.
Algunas personas preguntan cuál es la utilidad de estos proyectos. La respuesta aparece precisamente en noticias como esta. Si Costa Rica quiere fortalecer su democracia, no basta con denunciar los riesgos. También hay que construir personas capaces de enfrentarlos con principios, criterio y valentía.
Apacigua tiene proyectos concretos para aportar en esa dirección. Pero como cualquier iniciativa ciudadana, necesita una comunidad que crea en ellos y les permita crecer.
Cuando una persona decide respaldar este tipo de esfuerzos, no está apoyando a una persona. Está apostando por una cultura de integridad, de formación y de prevención. Está invirtiendo en una Costa Rica que procure resolver los problemas antes de que se conviertan en crisis.
Quizá esa sea una de las formas más inteligentes de defender nuestra democracia: construir ciudadanos que sean mucho más difíciles de corromper que cualquier institución.
La República parece acercarse cada vez más a un punto del que será muy difícil regresar. Esperar a que la crisis sea irreversible para decidir actuar nunca ha sido una buena estrategia. En Apacigua creemos en la prevención, en la formación y en el fortalecimiento de la democracia antes de que sea demasiado tarde. Si usted cree que todavía es posible construir una Costa Rica más fuerte, más ética y más consciente, el momento de involucrarse no es mañana. Es hoy. Es ahora.
Fuente: Reportaje de Lucía Astorga, La Nación, 22 de junio de 2026: «Democracia tica encara penetración silenciosa del crimen organizado».