Cuando una investigación dice más del clima que de los hechos

Hace algunos días, en una actividad pública, el candidato del Partido Liberación Nacional, don Álvaro Ramos, vivió un momento familiar que rápidamente se volvió viral. Su hija tomó el micrófono e hizo un pequeño comentario, con la naturalidad y la espontaneidad propias de una niña pequeña, diciendo lo que seguramente ha escuchado y sentido en medio de una campaña política que, sin duda, también atraviesa a las familias. No hubo libreto, no hubo cálculo, no hubo estrategia. Fue, simplemente, una niña hablando en un espacio donde su padre era la figura principal.

El video se compartió por lo gracioso, por lo humano y por ese aire doméstico que, de vez en cuando, se cuela en la política. Sin embargo, días después, el Patronato Nacional de la Infancia anunció la apertura de una investigación contra don Álvaro Ramos. Una reacción que llama la atención, no solo por la rapidez con que se produce, sino porque, a simple vista, no parece haber ni monetización, ni explotación, ni maltrato, ni exposición indebida de la menor. Es, hasta donde cualquiera puede observar, una niña hablando unos segundos en un micrófono.

Por eso resulta inevitable preguntarse qué es exactamente lo que se está señalando. No como acusación, sino como inquietud ciudadana. Porque cuando las instituciones actúan con una diligencia inusual en situaciones que no muestran un daño evidente, el país tiene derecho a entender con claridad cuál es el criterio que se está aplicando y por qué.

En ese sentido, coincido con las manifestaciones públicas de doña Laura Chinchilla y de doña Claudia Dobles, quienes han expresado su repudio a esta acción. No desde la confrontación, sino desde la preocupación por el precedente que podría estarse sentando. La protección de la niñez es sagrada, pero justamente por eso debe ejercerse con rigor, proporcionalidad y sentido común.

A título personal, quiero expresar mi solidaridad con don Álvaro Ramos, candidato presidencial, como lo he hecho con todos los hombres y mujeres que han decidido participar en esta contienda electoral con la intención genuina de aportar algo bueno al país. Lanzarse a una elección nacional no es sencillo, y hacerlo exponiendo también a la familia —aunque sea de manera involuntaria— añade una carga emocional que merece respeto.

También me solidarizo con las muchas personas que forman parte de Apacigua tu ser interior y que han decidido, desde su criterio y su conciencia, que su candidato de preferencia es don Álvaro Ramos. En una democracia sana, esa elección no debería venir acompañada de episodios que generen angustia innecesaria o sensación de persecución.

Lamento el momento, la situación y las circunstancias que esta familia está atravesando. Y espero, sinceramente, que el PANI pueda brindar pronto información clara, precisa y transparente sobre qué es lo que considera objetable en este caso y cuáles son los fundamentos concretos de su proceder. La calma social también se construye con explicaciones oportunas, con mesura institucional y con decisiones que ayuden a bajar la efervescencia, no a incrementarla.

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