
Hay dos o tres personas que frecuentan mis publicaciones en Facebook y que prácticamente siempre están en desacuerdo con lo que escribo. Y quiero dejar algo claro desde el principio: eso no me molesta. Nunca me ha molestado que alguien piense distinto a mí. De hecho, considero que una democracia sana necesita personas que vean las cosas desde perspectivas diferentes. Sería absurdo pretender que todos estemos de acuerdo en todo. Durante años he conversado con personas de todas las corrientes políticas imaginables y muchas de ellas siguen estando en mis redes sociales. El problema nunca ha sido la diferencia de opinión. El problema aparece cuando la diferencia de opinión se transforma en una presencia constante cuya única finalidad parece ser llevar la contraria a absolutamente todo lo que uno publica.
Durante mucho tiempo los leí. Comentaban una publicación, luego la siguiente, luego otra más. Siempre en desacuerdo. Siempre cuestionando. Siempre presentes. No estaban insultando, es cierto. No estaban utilizando palabras ofensivas ni recurriendo a ataques personales. Pero llegó un momento en que simplemente me cansé. Me cansé de la insistencia. Me cansé de la majadería. Me cansé de abrir una publicación y saber de antemano que ahí estarían nuevamente, no para aportar algo diferente a la conversación, sino para repetir una y otra vez el mismo patrón. Así que hice algo que cualquier persona tiene derecho a hacer en sus espacios privados: los bloqueé.
Lo curioso vino después. Porque algunos de ellos no aceptaron la decisión. Uno apareció desde otra cuenta. Incluso me escribió algo que me llamó profundamente la atención. Me dijo: «Ni se moleste en bloquearme, porque tengo otras cuentas». Y sinceramente me dejó pensando. Porque una cosa es disentir. Otra muy distinta es insistir. Y otra todavía más extraña es perseguir. Cuando una persona te bloquea, el mensaje es bastante claro. Significa que no desea seguir interactuando contigo. Puede gustarnos o no, podemos estar de acuerdo o no, pero el mensaje es claro. Buscar otras cuentas para seguir entrando, para seguir comentando y para seguir buscando confrontación no me parece una defensa de la libertad de expresión. Me parece una conducta bastante cercana a la majadería.
Uno de ellos me acusó de hipócrita. Me dijo que yo hablaba de voces libres y que, sin embargo, bloqueaba a quienes no pensaban como yo. Pero eso parte de una premisa falsa. Yo no bloqueo personas por pensar distinto. Si así fuera, tendría que bloquear a miles de personas que tienen posiciones políticas diferentes a las mías. Lo que bloqueo son aquellas situaciones que considero perjudiciales para la paz de ciertos espacios. Y aquí es donde aparece algo importante que tal vez algunas personas no comprenden.
Mi cuenta principal de Facebook nació hace muchos años como una cuenta personal. Con el paso del tiempo terminó convirtiéndose también en la cuenta principal de Apacigua. Y Apacigua tiene una razón de ser muy específica. Apaciguar. Incluso cuando hablamos de política. Incluso cuando denunciamos situaciones que nos preocupan. Incluso cuando expresamos desacuerdos profundos. La intención sigue siendo la misma: construir un espacio donde las personas puedan reflexionar sin estar sometidas permanentemente a dinámicas de confrontación, hostilidad o desgaste emocional. Hay personas que llegan a esa página buscando precisamente eso. Un lugar donde pensar. Un lugar donde conversar. Un lugar donde respirar un poco en medio de un ambiente nacional que ya de por sí está suficientemente polarizado.
Por eso he tomado una decisión muy sencilla. Mi cuenta principal seguirá siendo un espacio orientado a la paz. No significa unanimidad. No significa que todos tengan que pensar igual. No significa que no pueda existir debate. Significa simplemente que no estoy dispuesto a permitir que determinadas personas conviertan ese espacio en un campo de batalla permanente. Y para quienes deseen debatir con absoluta libertad, existe otra alternativa. Tengo una segunda cuenta, originalmente vinculada a mis actividades empresariales. Esa cuenta está libre de bloqueos. Ahí pueden participar quienes piensan como yo, quienes piensan diferente y quienes desean discutir cualquier tema, siempre y cuando lo hagan con respeto y sin insultos.
Por eso me resulta curioso que algunos quieran presentar esto como una contradicción. A mí me parece exactamente lo contrario. Me parece una decisión coherente. Estoy ofreciendo un espacio abierto para quien quiera debatir y otro espacio destinado a quienes buscan tranquilidad. Nadie está siendo silenciado. Nadie está siendo perseguido. Nadie está siendo censurado. Simplemente estoy ejerciendo el mismo derecho que tiene cualquier persona de decidir cómo administra sus propios espacios.
Y si alguien considera que eso es doble moral, está en todo su derecho de pensarlo. Yo, por mi parte, seguiré pensando que existe una diferencia enorme entre la libertad de expresión y la obsesión por hacerse presente donde claramente no lo quieren a uno. Lo primero es un derecho. Lo segundo, al menos para mí, es una forma bastante evidente de majadería.
Y por eso vuelvo a la pregunta inicial: ¿estamos hablando de dignidad o de majadería? Porque cuando alguien te cierra una puerta, perseguirlo para intentar entrar por la ventana no parece un acto de valentía ni una defensa de principios. Parece, simplemente, una renuncia innecesaria a la propia dignidad.