Hoy fui guachi man

Hay días en que uno es exactamente lo que es. Yo, por ejemplo, puedo ser artista plástico, escritor, empresario, profesor de arte o coach. Dependiendo de la hora del día, puedo estar pintando una acuarela, escribiendo un artículo, atendiendo un cliente o conversando con alguien sobre crecimiento personal. Pero hay otros días en que la vida decide por uno. Y hoy decidió que yo fuera guachi man.

Resulta que llegó el jardinero a limpiar el patio de la casa y empezó a sacar una cantidad considerable de ramas, hojas y desechos. El problema era que no teníamos suficientes bolsas para jardín. Normalmente compro esas bolsas en un negocio mucho más económico en el centro de Pavas, pero ayer fui y no tenían. Así que no me quedó más remedio que ir al Fresh Market.

Salí vestido con unos jeans, sandalias y una camiseta cualquiera. Sin afeitar, despeinado y con una apariencia que, según yo, reflejaba un nivel de abandono bastante respetable. Cuando me bajé del carro, vi una camioneta Mercedes Benz con el baúl trasero semiabierto.

Me quedé observando durante un minuto. Pensé que tal vez alguien estaba cargando o descargando algo. Nadie apareció. Me acerqué un poco más. Nada. Entonces entré al supermercado y pregunté si alguien era propietario de aquel vehículo. Nadie respondió.

Volví a salir. Me quedé un rato cerca del carro. Nada. Como había varios negocios alrededor, pensé que tal vez la persona estaba trabajando en alguno de ellos. Así que fui local por local preguntando. En el tercero tuve éxito.

—Sí, la jefa anda por aquí. Ese Mercedes es de ella.

Le avisaron. Misión cumplida. Volví junto al vehículo y esperé. Pocos minutos después apareció la propietaria, revisó el baúl, lo cerró correctamente, me agradeció y continuó con su día. Y yo continué con el mío.

Mientras caminaba hacia el Fresh Market me dio risa pensar que durante casi media hora había estado desempeñando funciones no oficiales de vigilancia vehicular. Sin uniforme. Sin silbato. Sin radio de comunicación. Y sin salario.

Pero también pensé algo más. La vida está llena de momentos en los que nadie nos nombra para una tarea y, aun así, sabemos que debemos hacerla. Nadie me pidió que cuidara aquel carro. Nadie me obligó a buscar a la propietaria. Nadie me habría reclamado si simplemente hubiera seguido caminando. Pero algunas veces las pequeñas cosas son precisamente las que mantienen funcionando el mundo.

Al final no fui artista, ni escritor, ni coach. Hoy fui guachi man. Y la verdad es que no me fue tan mal en el puesto.

Esta tarde estaré en una sala de reuniones de la Asamblea Legislativa facilitando un taller sobre valores para asesores legislativos. Y me da risa pensar en lo que podré responderles si en algún momento me preguntan:

—Don Vinicio, aparte de esto, ¿usted a qué más se dedica?

Creo que hoy podré responderles con absoluta honestidad:

—Entre otras cosas, soy guachi man.

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