
La diputada y jefa de fracción oficialista, Pilar Cisneros, le respondió con todo a la expresidenta Laura Chinchilla, luego de que esta arremetiera públicamente en su contra, calificando su trabajo como “populista, amarillista y demagogo”, asegurando además que “nunca fue una periodista inquisitiva”, criticando su “retórica incendiaria” y “narrativa alarmista”, e incluso afirmando que su objetivo “no era que el sistema corrigiera, sino que se deslegitimara”, rematando con una de sus frases más fuertes: “A quienes aún dicen que cambió, yo digo que simplemente la descubrieron”.
Las declaraciones de Chinchilla encendieron el debate político nacional, al tratarse de un cuestionamiento directo a la trayectoria de Cisneros, a quien también señaló de haber contribuido a “erigir el populismo como forma de gobierno”. Pero ante ese duro señalamiento, Pilar Cisneros no se quedó callada y le respondió con todo, sin filtros y de forma frontal.
La diputada le echó en cara a la exmandataria lo que calificó como un temor a la opinión pública: “¿Qué es lo que le da miedo? ¿Ah? ¿Qué es lo que le da miedo?”, lanzó de forma reiterada. Cisneros fue más allá y cuestionó directamente que Chinchilla tenga desactivados los comentarios en sus redes sociales, insinuando que evita el contacto con la ciudadanía.
“¿Por qué será que ella no acepta los comentarios en sus redes sociales? ¿Qué es lo que le da miedo? ¿Que la gente le diga las cosas?”, agregó en tono desafiante. Lejos de quedarse ahí, la legisladora también defendió su trayectoria y retó públicamente a la expresidenta a someter su credibilidad al criterio de la población. “Y si ella cree que yo he sido una periodista populista y todo, ojalá de su dinero pague una encuesta para ver qué opina la gente sobre Pilar Cisneros periodista. Creo que se va a llevar una bonita sorpresa”, remató la legisladora.
El cruce de declaraciones evidencia un choque cada vez más directo entre figuras del oficialismo y sectores políticos tradicionales, en un ambiente de alta confrontación que sigue escalando en la discusión pública nacional.
Cuando la pregunta no busca respuestas, sino reacciones
Por Vinicio Jarquín
En medio del reciente cruce entre Pilar Cisneros y Laura Chinchilla, más allá de las frases fuertes, los calificativos y la confrontación política, hay algo que merece ser observado con más calma. No tanto lo que se dijo… sino cómo se dijo.
Porque cuando Pilar responde, no responde con argumentos estructurados ni con datos que sostengan una posición. Responde con preguntas. Preguntas lanzadas al aire, repetidas, insistentes: “¿Qué es lo que le da miedo?”, “¿Por qué no acepta comentarios?”, “¿Qué es lo que le da miedo?”
Y eso, aunque pueda parecer espontáneo o emocional, no necesariamente lo es.
Hay una técnica detrás.
Cuando alguien formula una afirmación, asume la responsabilidad de sostenerla. Tiene que explicarla, defenderla, respaldarla. Pero cuando alguien formula una pregunta… la carga cambia de lugar. La respuesta ya no viene de quien habla, sino de quien escucha. Y ahí es donde ocurre algo interesante.
Tu mente, casi sin darte cuenta, intenta completar el vacío. Empieza a construir posibles respuestas. Empieza a imaginar escenarios. Empieza a justificar o a sospechar. Y en ese proceso, algo muy sutil sucede: ya no estás analizando lo que te dijeron… estás participando en la construcción de la idea.
Y cuando una idea la construís vos, aunque haya sido inducida… se siente más real. Ese es el punto. No se trata de informar. Se trata de activar. No se trata de demostrar. Se trata de insinuar.
Porque una pregunta bien colocada no necesita evidencia. Solo necesita sembrar una duda. Y la duda, cuando encuentra terreno fértil —emocional, político o ideológico— crece sola.
El problema es que esa construcción interna no necesariamente está basada en información. Está basada en percepciones, sesgos, emociones previas y, muchas veces, en lo que ya querías creer.
Entonces, la pregunta no abre un espacio de reflexión… abre un espacio de confirmación.
Y ahí es donde deja de ser una herramienta de diálogo para convertirse en una herramienta de influencia.
No porque preguntar sea malo. Preguntar es fundamental en cualquier proceso de pensamiento crítico. Pero hay una diferencia enorme entre una pregunta que busca entender… y una pregunta que ya viene cargada de intención.
Una pregunta honesta abre caminos. Una pregunta manipulada dirige conclusiones. Y cuando en el discurso público predominan este tipo de preguntas, lo que se debilita no es una persona u otra… es la calidad del pensamiento colectivo.
Porque empezamos a reaccionar más de lo que analizamos. A sentir más de lo que verificamos. A concluir más de lo que comprendemos.
Y poco a poco, sin darnos cuenta, dejamos de pedir evidencia… porque ya sentimos que “sabemos”.
Tal vez por eso estas formas de comunicación son tan efectivas. No imponen ideas. Las siembran. Y dejan que cada uno las riegue con lo que ya lleva dentro. Pero ahí también está la oportunidad.
Porque en el momento en que te detenés y te preguntás —de verdad— si esa pregunta que te hicieron venía a aportar claridad o a dirigir tu respuesta… algo cambia. Recuperás el control.
Y en un entorno donde cada vez más se busca influir en lo que pensás sin que lo notés, eso ya es un acto de conciencia.