El guardián de mi paz

Antes, las conversaciones políticas entre personas que pensaban distinto eran verdaderos espacios para aprender. Uno podía escuchar, debatir, intercambiar ideas, incluso cambiar de opinión. Había argumentos, respeto y, sobre todo, humanidad.

Hoy, eso casi ha desaparecido.
Por experiencia propia puedo decir que la gran mayoría de los seguidores del presidente actual no escuchan razones. No discuten: repiten. No argumentan: atacan.
Y después del segundo intercambio —sobre todo en redes sociales— comienzan los insultos.

Como ser humano, tengo que admitir que muchas veces esos insultos me llegan. No al ego, sino al hígado. Y sí, a veces respondo. Y cuando respondo, me doy cuenta de que caí en la trampa: perdí la paz.

No me importa lo que esos ataques generen en ellos.
Lo que me importa es lo que generan en mí.
Porque cada vez que entro en esa espiral de ofensa y respuesta, cedo el control de mi serenidad, de mi equilibrio, de mi energía. Y no, no puedo seguir regalando eso.

No puedo permitir que personas que hablan con el mismo tono agresivo del presidente me arrastren a su nivel. No puedo convertirme en lo que critico. Y por eso hoy decido algo que escribo aquí, en voz alta, para recordármelo: no vuelvo a perder la paz.

Y digo “muchos de ellos” por respeto, aunque podría decir “todos”.
Porque honestamente, con algunos es imposible tener un diálogo inteligente. No por falta de inteligencia, sino por falta de disposición. Es como si habláramos idiomas distintos: yo en español y ellos en alemán. Nunca nos vamos a entender.

Así que, cuando alguien venga con esa energía, no voy a responder.
No por miedo, ni por indiferencia, sino por amor propio.
Voy a ser el guardián de mi paz.

Y sí, el mandamiento dice que hay que amar al prójimo.
Pero antes que eso, hay que amarse a uno mismo.
Y si amar al prójimo significa tolerar la agresión o perder la serenidad, entonces no.
Hoy elijo amarme, protegerme y cuidar lo que me queda de calma.

Porque el país puede estar confundido, pero mi alma no tiene por qué estarlo también.
Hoy decido que no me rebajaré al nivel del presidente de la República.
Porque la paz no se defiende gritando más fuerte, sino callando cuando el alma lo necesita.

1 comentario en “El guardián de mi paz”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio