
La presidenta electa Laura Fernández Delgado anunció el nombramiento de Carolina Delgado como presidenta ejecutiva del Instituto Nacional de las Mujeres. Y honestamente, más allá del derecho que tiene cualquier gobierno de escoger a las personas que considere adecuadas para integrar su equipo, hay decisiones políticas que inevitablemente envían mensajes. Y este nombramiento, quiera o no quiera el nuevo gobierno, envía uno muy fuerte. (CR Hoy)
Porque el problema no es solamente quién llega al cargo. El problema es el contexto en el que llega. Y en política, el contexto importa muchísimo. Más todavía cuando se trata de una institución como el INAMU, que para bien o para mal, representa simbólicamente la defensa de las mujeres, la denuncia de abusos, la sensibilidad ante temas de violencia y la coherencia ética frente a situaciones delicadas relacionadas con género y poder.
Y es ahí donde mucha gente siente una especie de choque emocional difícil de ignorar.
Porque sí, está documentado que Carolina Delgado estuvo ausente en la sesión legislativa donde se iba a discutir el expediente relacionado con el entonces diputado Fabricio Alvarado, en medio de acusaciones por presunto hostigamiento o abuso sexual denunciadas por la exdiputada Marulin Azofeifa. Diversos medios reportaron que aquella sesión terminó sin quórum y que varias ausencias impidieron avanzar con la discusión y eventual sanción política. Entre las ausencias señaladas estuvo precisamente la de Carolina Delgado. (CR Hoy)
Y aquí es donde aparece la parte incómoda.
Porque una cosa es tener una posición jurídica distinta. Otra muy diferente es el mensaje político y simbólico que se construye después. Especialmente cuando, poco tiempo después, esa misma figura termina siendo colocada al frente de la institución más representativa en materia de mujeres del país.
Y claro, alguien podría argumentar que una ausencia no necesariamente demuestra intención. Y eso es cierto. También podría decirse que el quórum depende de muchas personas y no de una sola diputada. Y eso también es verdad. Pero la política no vive únicamente de tecnicismos. Vive de símbolos. Vive de percepciones. Vive de coherencias. Y vive, sobre todo, de sensibilidad.
Porque cuando una parte importante del país observa esta secuencia de hechos, inevitablemente se pregunta si de verdad se entendió la dimensión del mensaje que se estaba enviando.
Y es ahí donde todo empieza a sentirse extraño. Casi provocador. Como si en ciertos momentos el poder político disfrutara tensando emocionalmente a la población, empujando los límites de la contradicción pública, observando hasta dónde aguanta la gente antes de dejar de sorprenderse. Porque cuesta muchísimo no notar la inconsistencia.
Una exdiputada cuya ausencia ayudó a que no avanzara una discusión política relacionada con denuncias de presunto abuso sexual, termina encabezando precisamente el INAMU. Y aunque legalmente pueda hacerse, aunque administrativamente sea válido y aunque políticamente tengan los votos o el derecho para nombrarla, eso no elimina la sensación incómoda que le queda a muchísima gente.
No porque necesariamente se esté afirmando una conspiración. No porque haya una prueba absoluta de intención deliberada. Sino porque las señales públicas importan. Y los gobiernos deberían entender eso mejor que nadie.
Particularmente en una época donde la confianza institucional ya viene golpeada, donde la ciudadanía vive agotada emocionalmente, polarizada, frustrada y desconfiando cada vez más de las decisiones políticas.
Y quizá lo más peligroso de todo no es el nombramiento en sí. Quizá lo más peligroso es cuando la ciudadanía empieza a sentir que ciertas decisiones parecen una especie de burla intencional. Una provocación constante. Una narrativa de “podemos hacerlo y lo vamos a hacer igual”.
Porque cuando la política empieza a desconectarse del impacto emocional y simbólico de sus actos, la fractura entre ciudadanía e instituciones se vuelve todavía más profunda. (CR Hoy)
Fuentes consultadas: publicaciones y reportajes de CRHoy, Observador.cr, Informe.com, cobertura legislativa de medios nacionales sobre la sesión del 28 de abril de 2026 relacionada con el caso Fabricio Alvarado, así como registros públicos y comunicados sobre el nombramiento de Carolina Delgado al frente del INAMU.