
No pocas veces me pasa que alguien interpreta mis artículos como un ataque personal. Y lo entiendo: cuando hablo de “vulgaridad”, de “resentimiento” o de “simplismo”, puede sonar como si señalara directamente a cada persona que apoya al presidente actual. Pero no es así. Yo no creo que quienes lo respaldan sean, de manera automática, vulgares, resentidos o simplistas. Lo que digo es que los números y los porcentajes tienen esa manía de generalizar: no discriminan, no distinguen matices, y terminan mostrando un reflejo que nunca es perfecto, pero sí es preocupante.
En ese espejo aparece algo inquietante: un porcentaje alto de costarricenses que se identifica con un estilo de gobernar basado en la vulgaridad, el ataque y la confrontación. Un estilo que degrada el valor del respeto y que, a mi manera de ver, contradice lo mejor de nuestros valores como nación.
Me han dicho: “ya hemos tenido presidentes que hablan bonito y son corruptos”. Y es cierto: el hablado bonito no garantiza resultados. Pero tampoco el hablado feo es una vacuna contra la corrupción. Pensar que debemos apoyar a alguien que degrada, insulta y confronta, solo porque otros que hablaban con más decencia también fallaron, es una lógica extraña. Ni lo uno ni lo otro asegura honestidad, estabilidad o transparencia.
Yo mismo podría ser simplista o resentido, lo admito. Quizá todos lo somos en algún grado. Pero hay algo que sé con claridad: no puedo apoyar a un presidente ni a un grupo de políticos que convierten la vulgaridad en bandera y que normalizan el resentimiento como si fuera virtud.
Y aquí está la raíz del problema: estamos en estas por culpa de muchos presidentes anteriores. Sus abusos y su corrupción sembraron el resentimiento que hoy se expresa en el respaldo a alguien como Rodrigo Chaves. En ese sentido, él no representa los valores tradicionales del costarricense; representa más bien el enojo acumulado de un pueblo cansado.
De paso, como ocurre en tantos países, este estilo se ha encargado de dañar la historia pasada y el lugar de quienes vendrán. Hoy, una inmensa mayoría ha aprendido a “odiar” como nunca antes a todos los pasados, cree que solo este grupo sirve para el futuro y, además, ha empezado a señalar como enemigos a las instituciones que siempre nos sostuvieron: la CCSS, los otros poderes, las cortes, la Contraloría e incluso la prensa. Y no se dan cuenta de que esas luchas son, simplemente, quijotadas.
No escribo estas líneas para convencer ni para debatir. Las escribo porque siento la necesidad de decirlo. Porque aunque me equivoque, sigo creyendo que Costa Rica merece recuperar la decencia y la serenidad en su vida pública. Y porque, al final, la vulgaridad en el poder pasará, pero lo que sembramos como cultura política puede quedarse por generaciones. Ese es el verdadero riesgo, y también nuestro verdadero desafío.
Vinicio Jarquín
Entre vos y yo:
Este blog es como mi columna personal, un espacio donde digo lo que pienso y lo que siento que necesito compartir. Escribo convencido de lo que digo, aunque sé que puedo estar equivocado y no me cierro a cambiar de opinión si encuentro razones de peso. Casi siempre prefiero no responder comentarios, pero los leo todos con atención. Muchos de ellos, aunque no lo parezca, terminan sembrando ideas para los próximos textos que encontrarás aquí.
Saludos y con cariño más que respeto lo invito a que CAMINE Y VIAJE EN AUTOBUS POR EL PAIS QUE AÑORA Y VERA LA REALIDAD Y LA COSECHA DE LA SIEMBRA. Eso que va a ver hambre y pobreza drogadicción y delincuencia perdida de valores por ADELANTE Y ARRASTRE DEL MECHUDO desempleo , ….. y cuando tenga una posible solución conversamos lo que le aseguro es que no van a venir con algodón y chinos sino con fuerza para hacer «AJUSTE CUENTAS» .
Don Héctor.
Gracias por su cariño.
La verdad es que no entendí bien su mensaje, y aunque me dejó la tarea del viaje en bus, no entendí bien.
Éxpliqueme mejor, por favor, estoy abierto a entender, y si estoy equivocado en algo que dije, soy humilde para retractarme.
¿Hablamos?, gracias