Hay muchas formas de estar presente en un país. Algunas se notan más que otras, y algunas, tristemente, han sido ignoradas durante demasiado tiempo. Las personas con discapacidad conocen bien esa sensación de invisibilidad, no porque no existan, sino porque muchas veces el sistema no las mira, no las escucha o no las toma en cuenta al momento de decidir.
Votar no siempre es fácil. Para algunas personas, movilizarse implica un esfuerzo enorme, una logística compleja o incluso una imposibilidad real. Eso hay que decirlo con claridad y con respeto. Nadie debería sentirse culpable por no poder hacer algo que su cuerpo o su condición no le permite. La dignidad también está en reconocer los propios límites.
Pero para quienes sí pueden movilizarse, aun con dificultad, aun con esfuerzo, el voto se vuelve una herramienta poderosa. No es un simple trámite. Es una forma de decir “aquí estoy”, “cuento”, “mi vida importa”. Cada voto emitido desde una realidad distinta le recuerda al país que no todos vivimos igual, que no todos partimos del mismo lugar, y que gobernar bien implica entender esa diversidad.
Durante años, muchas decisiones se han tomado sin pensar en rampas, en accesos, en tiempos, en acompañamientos, en apoyos reales. Se habla de inclusión, pero se practica poco. Se diseñan políticas desde escritorios cómodos, sin escuchar a quienes viven el día a día con barreras que no deberían existir. Eso también es una forma de abandono.
Por eso, votar es importante. No para apoyar promesas vacías, sino para elegir con conciencia. Para pensar en qué tipo de gobierno podría entender mejor tu realidad, respetarte, acompañarte y dejar de verte como un problema o como una nota al pie. Un gobierno que no te invisibilice, que no te reduzca, que no te use solo en discursos.
Tu voto no es menor. Tu experiencia no es secundaria. Tu forma de habitar este país tiene valor y debe ser tomada en serio. Cuando una persona con discapacidad vota, el país se vuelve un poco más completo, un poco más honesto, un poco más real.
Si podés hacerlo, hacé el esfuerzo que esté dentro de tus posibilidades, no más. Andá acompañado si lo necesitás. Tomá el tiempo que haga falta. Ese acto sencillo, ese gesto silencioso, también es una forma de exigir respeto y futuro.
Costa Rica necesita gobiernos que entiendan, que escuchen y que no dejen a nadie atrás. Y para eso, todas las voces que puedan estar presentes importan. La tuya también.
Si podés votar, aunque sea con dificultad o mucha dificultad, votá; y hacelo por aquellos que, definitivamente, no pueden hacerlo. Es un compromiso que tenés en tus manos.