De Sentido Crítico
Esta mañana, muy temprano, casi de madrugada, tuve la visita de Sergio Ortiz Pérez. Influencer, generador de contenido —o como sea que se llame hoy lo que hace—, pero sin duda alguien que lo hace bien y lo hace con oficio.
Hace tiempo ambos nos veníamos buscando en la vida para hacer algo juntos. No de manera forzada, no desde la prisa, sino desde esa intuición silenciosa que a veces te dice que los caminos se cruzan cuando tienen que cruzarse. Y hoy, finalmente, se cruzaron.
Fue emocionante conocerlo en persona después de seguirlo tanto tiempo y de haber visto y escuchado mucho de lo que comunica. Llegó con una seguridad que solo da el trabajo constante, la experiencia y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Yo, por mi parte, no estaba con esa misma seguridad. Tal vez porque soy nuevo en este terreno, tal vez porque estaba frente a alguien cuyo alcance y profesionalismo reconozco sin reservas.
Conversamos largo. Hablamos mucho de lo que él hace y un poco de lo que yo hago. Grabamos un video uniendo esfuerzos, con una intención clara: cuidar a Costa Rica, proteger su democracia y alertar sobre los riesgos que estamos viviendo. Desayunamos, conversamos con calma y, en medio de todo, le pinté una acuarela en su presencia.
Él se mostró profundamente agradecido. Pero la verdad es que el honrado fui yo. Honrado de poder entregarle algo hecho con las manos, con tiempo, con conexión. De que se la llevara. De que la tuviera.
He recibido una aceptación muy grande de la gente que me sigue y, aun así, no me siento un influidor. Tal vez, como dice Sergio, un generador de contenido. Ese título sí me gusta. Y aunque sé que los alcances que he tenido no son menores —más de ocho mil seguidores y publicaciones que han llegado a cientos de miles de personas—, estar frente a él me recordó algo esencial: uno empieza a hacerse grande cuando es capaz de reconocer la grandeza de otros.
Sergio va adelante. Tiene una trayectoria envidiable, pero no gratuita. Es evidente que lo que ha construido no es casualidad. Se siente que viene de la calidez, de la sencillez, de la honorabilidad, del trabajo y la sensibilidad de toda una vida, y de un respeto genuino por las personas. Nada de eso se improvisa. Nada de eso se regala.
Sumo este encuentro con Sergio a los muchos regalos que esta campaña me ha dado. Regalos humanos. Encuentros reales. Conversaciones que nutren. Y la certeza de que, cuando las causas son honestas, la vida se encarga de cruzar a las personas correctas en el momento justo.
Ahora sólo me queda esperar, a que aparezca el próximo momento en que podamos hacer algo juntos, o yo pueda servirle en sus proyectos.
