
Nunca me imaginé metido en estos asuntos. Patria, ciudadanía, democracia, civismo, fechas históricas, banderas, faroles, desfiles… Si alguien me hubiera dicho hace algunos años que una parte importante de mi tiempo la iba a dedicar a hablar de estas cosas, probablemente me habría reído. La política nunca estuvo entre mis grandes planes de vida y mucho menos imaginé terminar hablando de la patria casi todos los días. Sin embargo, últimamente empiezo a sospechar que tal vez la vida llevaba muchos años dejándome pistas y yo, sencillamente, no les había puesto atención.
Hay tres fechas que siempre han sido importantes para mí, aunque nunca las había colocado juntas sobre la mesa. Mi abuelo paterno nació un 15 de septiembre. Siempre me hizo gracia pensar que había nacido exactamente el Día de la Independencia de Costa Rica: un verdadero hijo de la independencia. Mi abuela paterna, para completar la casualidad familiar, nació un 4 de julio, Día de la Independencia de los Estados Unidos. De manera que, visto con un poquito de imaginación, podría decirse que desciendo de dos independencias. Durante años hice la broma con esas dos fechas, pero ahí terminaba el asunto. Hasta esta tarde.
Estaba redactando un comunicado para publicar en redes sociales y comencé a ordenar unas fechas de septiembre. De pronto las vi, una detrás de la otra, casi como si alguien las hubiera acomodado deliberadamente: 15 de septiembre, Día de la Independencia y de los desfiles; 14 de septiembre, noche de faroles; 13 de septiembre, mi cumpleaños. Y ahí me quedé viendo aquello. Mi abuelo nació el 15 de septiembre. Yo nací el 13. Entre los dos está el 14, la noche en que Costa Rica se llena de faroles, niños caminando por las calles, familias, banderas, música y esa particular manera costarricense de celebrar la patria sin demasiada solemnidad. Tres días seguidos que forman parte de la misma historia: mi cumpleaños, los faroles y la independencia.
Así que ahora resulta que no solo soy nieto de un hijo de la independencia. También vine a nacer prácticamente metido en medio de las fiestas patrias. Tal vez por eso terminé aquí. Tal vez alguna extraña programación familiar decidió que, muchos años después, yo acabaría hablando de democracia, ciudadanía, instituciones, participación, banderas y Costa Rica. Tal vez mis abuelos, desde algún lugar, deben estar muertos de risa pensando: “Este duró bastante en darse cuenta”.
Por supuesto, puede ser simplemente una coincidencia. Probablemente lo sea. Las fechas son fechas y uno puede construir historias maravillosas cuando comienza a unir puntos que nunca estuvieron destinados a encontrarse. Pero también es cierto que hay coincidencias que llegan en el momento exacto para hacernos sonreír. Hoy estoy trabajando precisamente en proyectos relacionados con el mes patrio, pensando en el 14 de septiembre, en los faroles, en el 15, en nuestra independencia y en maneras de recordar que la patria no es solamente una bandera que sacamos una vez al año. Y, de pronto, descubro que mi propia historia familiar lleva décadas rodeada por esas mismas fechas.
Mi abuela: 4 de julio. Mi abuelo: 15 de septiembre. Yo: 13 de septiembre. Hijo, nieto y vecino de las independencias. ¿Tendrá todo esto algo que ver con lo que estoy haciendo actualmente? No tengo la menor idea. Pero, por si acaso, este 13 de septiembre voy a soplar las candelas con muchísimo respeto.
Vinicio Jarquín