El beso legislativo

Esta mañana leí un comentario de Ifigenia Quintanilla que me hizo volver a mirar una escena que ayer, como muchísima gente, había visto desde otro lugar. Al terminar una conferencia de prensa que evidentemente era importante para él, el diputado José Miguel Villalobos, del Partido Pueblo Soberano, recibió de su compañera de fracción Kattia Calvo un abrazo, un beso y varias muestras de contacto físico en el pecho y el rostro. La conferencia, por cierto, fue aquella en la que Villalobos anunció que dejaría de ejercer temporalmente como abogado para concentrarse en su labor legislativa.

Los memes no se hicieron esperar. Y confieso que yo también me he divertido muchísimo con algunas de las ilustraciones y videos que han aparecido intentando construir, evidentemente en tono de broma, una inexistente historia de amor entre los dos diputados. No creo que exista tal relación y tampoco tengo ninguna razón para afirmarlo. Pero somos costarricenses: vemos una escena así y antes de que termine el día ya tenemos memes, novelas, montajes y hasta capítulos completos de una supuesta historia romántica. Incluso medios nacionales describieron esta mañana el episodio hablando de “besos y lágrimas”.

Sin embargo, el comentario de Ifigenia Quintanilla me hizo detenerme un momento. Ella miró la misma escena desde un lugar completamente diferente. No vio simplemente cariño, efusividad o una torpeza frente a las cámaras. Le pareció percibir algo más duro, más calculado, incluso intimidatorio. No voy a asumir que su interpretación es correcta, porque ninguno de nosotros puede saber qué había en la cabeza de Kattia Calvo en ese momento. Tampoco me parece responsable convertir una lectura del lenguaje corporal en una acusación. Pero sí me parece interesante hacerme la pregunta que su comentario me dejó: ¿y si aquello no fue simplemente una espontánea muestra de afecto?

Porque el contexto también existe. José Miguel Villalobos venía de separarse públicamente de algunas posiciones de su propia fracción. El 18 de agosto votó junto con la oposición para acelerar un proyecto que busca limitar el ejercicio privado de profesiones por parte de los diputados, apartándose del criterio mayoritario de Pueblo Soberano; dos días después anunció que dejaría temporalmente de ejercer como abogado, aunque reiteró que continuaba dentro del partido y apoyando al Gobierno.

Entonces aparece una segunda posibilidad, que no afirmo pero tampoco me parece absurdo examinar: que aquel abrazo tuviera además una dimensión política. Los gestos públicos también comunican. Un abrazo puede significar cariño, reconciliación, respaldo, pertenencia, protección, posesión o simplemente entusiasmo. A veces puede significar varias cosas simultáneamente. Y cuando ocurre frente a cámaras, inmediatamente después de una declaración política importante, es legítimo preguntarse qué mensaje termina transmitiendo, independientemente incluso de cuál haya sido la intención original.

Quizás Kattia Calvo simplemente quiso decirle a su compañero: estoy con vos. Quizás fue una manifestación afectuosa excesivamente efusiva y nada más. Quizás sabía perfectamente que las cámaras estaban ahí y quiso enviar una señal de unidad después de días en que Villalobos había mostrado diferencias con su bancada. O quizás nosotros estamos leyendo una novela donde solamente hubo un abrazo. Todas esas posibilidades existen.

Pero el comentario de Ifigenia me hizo reparar en algo que sí considero importante: no todo lo que provoca risa necesariamente debe terminar solamente en la risa. La política está llena de símbolos, silencios, fotografías, apretones de manos, abrazos y gestos aparentemente pequeños que muchas veces comunican tanto como un discurso.

Yo seguiré riéndome de algunos memes, porque también esa irreverencia forma parte de nuestra manera costarricense de enfrentar la política. Pero ahora, después de leerla, también miro la escena con un poco más de atención.

Y me queda una pregunta dando vueltas: ¿Fue simplemente un beso… o alguien estaba diciendo algo? No tengo la respuesta. Precisamente por eso vale la pena preguntarlo.

Por Vinicio Jarquín

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