IA-Pandemia

En estos días, el bombardeo constante sobre inteligencia artificial parece palidecer ante algo todavía más potente: el contraataque de quienes están en su contra. No pasa un solo día sin que alguien diga que esto es peligroso, que se va a salir de control, que va a destruir empleos, que va a invadir el arte, que se va a apoderar de la literatura, que se va a meter hasta en la medicina y que en cualquier momento los robots nos van a sacar de la cama para ocupar nuestro lugar. Y aunque muchas de estas afirmaciones suenen exageradas, la ansiedad es real. Se respira en la calle, en las aulas, en las oficinas. Y no es gratuita.

La IA vino para quedarse. No es un juguete, ni una moda. Es un antes y un después. Y lo que se viene no es simplemente una herramienta nueva, sino una transformación del mundo como nunca antes lo hemos vivido. Puede que se parezca a la llegada del internet, a la electricidad, a la imprenta. Pero es más rápida. Y más difícil de entender. No da tiempo para la adaptación emocional. Solo arrasa. Cambia. Sacude.

Yo, por mi parte, estoy tratando de estar al día. Me sumerjo en todo lo que puedo, leo, exploro, ensayo, observo. A pesar de no ser tan joven, tengo la ventaja de que todavía me sobran años de trabajo, creatividad y deseo de aprender. No quiero que mis canas me conviertan en estatua de museo. Quiero seguir siendo parte del movimiento. Aunque me esté moviendo en un mundo que cambia más rápido que los botones del celular.

Hace unos días, una estudiante joven, de unos diecisiete años, me iba a contar algo sobre ChatGPT. Pero antes de hacerlo, se detuvo y me preguntó con ternura y condescendencia: “¿Usted sabe qué es ChatGPT?” Y ahí fue donde me sentí golpeado. Como si una cuchilla afilada me hubiera hecho un recordatorio amable de que tengo sesenta años. Como si me hubieran dicho, con voz bajita, que ya estoy fuera del juego.

No podía contestarle un simple “sí”. Así que respiré profundo, levanté el mentón y le dije: “A ver, niña… no solo sé qué es ChatGPT, sino que tengo una maestría en inteligencia artificial. Yo programo en ChatGPT. Hago prompts públicos.” Ella se rió, yo también. Pero por dentro, confieso, no me sentí más joven. Me sentí más despierto.

La IA me fascina. Me intriga. La estudio y la uso a diario. Me ha dado nuevas formas de crear, de escribir, de pensar, de enseñar. Pero si alguien me preguntara con seriedad si me parece saludable para el mundo… tendría que decir que no lo sé. O peor aún: que probablemente no. Que tal vez ya cruzamos un umbral que no era necesario cruzar. Y que aunque me fascina, si alguien bajara la cuchilla y apagara todo esto, al menos por un rato, yo entendería. Y lo agradecería.

No creo que la inteligencia artificial vaya a dejar sin empleo a millones de personas, como dicen los titulares alarmistas. Pero sí creo que va a dejar sin trabajo a todas aquellas personas que no sepan usarla. Que no se adapten. Que no se atrevan a dar el salto. El mundo no será para los que más talento tengan, sino para los que aprendan más rápido a integrarse. Y eso, en sí mismo, ya es una forma silenciosa de exclusión.

Se dice que la pandemia que paralizó al mundo empezó porque alguien, en algún rincón del mundo, se comió un murciélago. Y aunque nunca sabremos si eso fue exactamente así, lo que sí sabemos es que desató un cataclismo. Pues algo parecido pasó ahora, pero con la tecnología. Alguien, en un laboratorio informático, escribió un código, hizo una operación brillante… y desató otra pandemia. Esta vez sin virus. Esta vez sin fiebre.
Una IA-pandemia.

Pero a diferencia de la otra, esta no se está tratando de contener. No hay vacunas para frenarla. No hay aislamiento preventivo. No hay mascarillas ni alertas rojas. Esta se está expandiendo con el aplauso de muchos, el miedo de otros y la pasividad de casi todos.

Estamos presenciando una era donde los especialistas ya no son científicos de bata blanca, sino ingenieros de datos con cafés fríos en escritorios sin ventanas. Y el mundo que están moldeando no se parece a nada que hayamos conocido. Pero aquí estamos, mirando hacia adelante, preguntándonos si seremos parte de los que entienden… o de los que simplemente desaparecen de la conversación.

Ya veremos qué pasa en los próximos meses. O días. Porque si hay algo que esta nueva revolución no tiene, es paciencia.

1 comentario en “IA-Pandemia”

  1. Sergio Sánchez C.

    Vaya que ha sido drástico el cambio con esta nueva tecnología, cuesta ponerse al día en estos tiempo. Hace rato cuando vi en el cine La Matriz (1998 ó 1999), no preciso, era increíble ver como todo era controlado por un sistema digital inteligente, que creo una realidad virtual y explotaba a los humanos. Estaremos viendo el principio de esto y ni que hablar de la robótica.

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