II – Doña Laura Fernández y la pregunta por la idoneidad

¿Por qué no deberíamos votar por el continuismo?

Supongamos, con serenidad y sin prejuicios, que doña Laura Fernández sea quien gobierne el país durante cuatro años. Supongamos también que lo haga separándose, en la práctica, de la influencia directa de don Rodrigo Chávez. En ese escenario, aparece una pregunta inevitable y profundamente legítima: ¿qué atestados profesionales y de experiencia aporta doña Laura que superen a los de la mayoría de los otros candidatos?

Cuando uno observa el panorama electoral completo, encuentra personas con trayectorias académicas más sólidas, con mayor experiencia en gestión pública, con partidos políticos que no surgieron hace unos pocos meses, sino que tienen historia, estructura, equipos técnicos y logros ya realizados. Encuentra candidaturas que se presentan a debates, que se exponen al contraste de ideas, que aceptan preguntas incómodas y se muestran ante el país sin filtros.

En contraste, doña Laura aparece como una candidata cuyos títulos profesionales son, objetivamente, inferiores a los de varios de sus contendientes. Su práctica profesional, aunque existente, no destaca por una trayectoria amplia o reconocida en la conducción de un Estado complejo como Costa Rica. Y, además, ha optado por no asistir a debates, renunciando voluntariamente a uno de los principales espacios democráticos para explicar, defender y contrastar sus propuestas frente a otros liderazgos.

A esto se suma un elemento central: ella se define a sí misma como candidata de continuidad. Continuidad de un gobierno cuyos resultados, índices y prácticas han sido, como mínimo, polémicos y ampliamente cuestionados. Continuidad de un estilo confrontativo, de una relación tensa con las instituciones y de decisiones que han generado división más que consensos.

Doña Laura sostiene que gobernaría con don Rodrigo a su lado. Pero esa afirmación depende de múltiples condiciones que no están bajo su control. Si, una vez en el poder, las autoridades judiciales avanzaran en denuncias, acusaciones o procesos contra don Rodrigo, y este quedara fuera de la escena política activa, la pregunta vuelve con más fuerza: ¿tiene doña Laura la capacidad profesional, técnica e intelectual para gobernar el país por sí sola?

No se trata de descalificarla como persona. Se trata de evaluar con responsabilidad a quien podría ocupar la Presidencia de la República. Gobernar Costa Rica no es un aprendizaje en el camino. Requiere preparación, experiencia, temple, visión y la capacidad de dialogar con sectores diversos, con partidos distintos y con instituciones que no siempre estarán de acuerdo.

Pensar el voto también implica hacerse estas preguntas incómodas. No desde el ataque, sino desde la seriedad que exige el futuro del país.

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