Salvando el “Pura Vida”, sin lograrlo
Este libro se llama “Salvando el pura vida, sin lograrlo” (La pérdida de una democracia) y, sin embargo, tengo que empezar diciendo algo que puede parecer contradictorio: Costa Rica no perdió su democracia. Al menos no todavía.
Y justamente por eso este libro existe.
Porque las democracias no se pierden de un día para otro. No se esfuman como un objeto mal puesto ni se evaporan por arte de magia. Tampoco se rifan, ni se extravían, ni se roban en silencio mientras nadie mira. Las democracias se entregan. Se entregan despacio, por cansancio, por miedo, por hartazgo, por falta de opciones que ilusionen de verdad.
Se entregan cuando el pueblo, agotado, decide apostar por alguien que no parecía ser nada bueno, pero que tampoco parecía tan malo. Eso fue lo que ocurrió en Costa Rica en la campaña electoral del 2022.
A falta de mejores opciones, elegimos a un populista. No porque creyéramos profundamente en su proyecto, sino porque representaba una ruptura emocional con lo anterior. Prometía orden, autoridad, carácter, “mano firme”. Y muchos pensamos —o quisimos pensar— que no podía hacer tanto daño.
Este libro no se escribe desde la superioridad moral ni desde el “yo se los dije”. Se escribe desde la conciencia tardía. Desde la observación de cómo, poco a poco, el discurso fue separando a la población. Cómo el lenguaje se volvió agresivo, vulgar, soez. Cómo el enojo se convirtió en estrategia política. Cómo el ataque constante a la prensa, a las instituciones y a los poderes del Estado se volvió rutina.
Y cómo, en medio de ese desgaste, se fue construyendo una lógica peligrosa: la idea de que quien critica es enemigo, de que quien pregunta estorba, de que quien piensa distinto “algo debe”.
Cuando ese clima ya estaba instalado, apareció la figura de la continuidad. Una candidata nombrada no desde el debate, sino desde el poder. No desde el diálogo, sino desde la obediencia. Y ahí quedó claro que lo que estaba en juego ya no era un gobierno, sino un modelo de relación entre el poder y la ciudadanía.
Este libro reúne las reflexiones y recuerdos, apoyado en lo que fui escribiendo y publicando durante este proceso electoral. No como candidato, porque nunca lo fui. No como líder partidario, porque nunca lo quise ser. Sino como ciudadano visible, como figura pública sin cargo, como alguien que decidió no callar cuando el silencio empezaba a parecer prudente.
No escribí para convencer a fanáticos. Escribí para despertar a los distraídos. Para incomodar a los tibios. Para acompañar a quienes sentían que algo no estaba bien, pero no sabían cómo nombrarlo.
Este no es un libro de teoría política. Es un libro de memoria en tiempo casi real, o muy cerca en el tiempo. Un registro de advertencias, de intentos, de errores y de persistencia.
Porque las democracias no mueren cuando caen. Mueren cuando dejamos de defenderlas. Y todavía estamos a tiempo.
