Alguien me dijo que tuviera cuidado. Que no me vincularan con uno o con otro grupo, tendencia, partido o movimiento. Agradecí el comentario con honestidad, porque cuando alguien advierte desde el respeto, vale escuchar. Pero también respondí con la misma claridad con la que camino este proyecto: si alguien decide vincularme con un grupo, con una bandera, con una campaña o hasta con Mickey Mouse, ese es su problema. Y su problema no tiene nada que ver conmigo.
Lo que yo estoy haciendo no es una jugada política tradicional. Es algo mucho más simple y, al mismo tiempo, más profundo. Mi campaña, en la que soy candidato sin candidatura, “Apacigua tu ser interior”, no busca puestos, no reparte promesas, no negocia cuotas de poder. Es un árbol. Un árbol grande, paciente, vivo, que estoy cuidando y chineando todos los días para que dé sombra a esta patria que tanto lo necesita. Un árbol de paz, de democracia, de respeto por la institucionalidad, de defensa del voto consciente y del valor de sentirnos nuevamente parte de un mismo país.
Bajo ese árbol caben todos. Literalmente todos. Cada partido puede venir a colgar su hamaca de una rama. Cada tendencia puede recostarse un rato a la sombra. A nadie se le cobra entrada, a nadie se le pide carné, a nadie se le exige que piense igual. No hay portones, no hay candados, no hay listas de invitados. Este árbol no selecciona por colores, selecciona por humanidad.
Yo me reúno con agricultores y con campesinos, hablo y me veo con expresidentes y con figuras importantes de la política nacional, y mañana perfectamente podría verme con sindicatos, empleados públicos, sector salud, empresas privadas o con quien sea que sume a esta misión. Y todo eso lo hago sin dar la adhesión a nadie, sin ponerme ninguna camiseta, y sin aceptar regalitos que puedan comprometer mi nivel de neutralidad. Porque escuchar no es entregarse, conversar no es pactar, y tender puentes no es vender principios.
Cada costarricense también puede venir a este árbol. A sentarse. A respirar. A bajar el volumen interno. A descansar del ruido. A probar los frutos si tiene hambre de calma, de claridad, de conversación posible. Aquí no se exige fe ciega, se propone conciencia. Aquí no se grita consignas, se habla al oído de la responsabilidad cívica, del valor de la democracia, del respeto por las diferencias y del peso delicado que tiene una decisión tomada con serenidad.
Lo único que sí pido es ayuda para cuidarlo. Porque un árbol así no crece solo. Necesita manos que no rompan sus ramas, palabras que no le tiren piedras, pasos que no compacten su raíz. Necesita que lo hagamos grande entre todos, que lo protejamos del fuego del odio, de la sequía del fanatismo y de las plagas del miedo. Porque esta fuerza suave, esta sombra compartida, es una de las fuerzas más grandes que puede mover hoy a Costa Rica.
Y sí, lo digo con claridad: somos un partido político sin partido. Una fuerza ciudadana sin colores. Un movimiento sin tarima. Un grupo de personas que decidió no vivir desde la trinchera, sino desde la conciencia. Personas que se tiran junto al tronco, no para atacar a nadie, sino para sostenerse juntas mientras pasa la tormenta.
La neutralidad, esta neutralidad, no es tibieza. Es una postura firme. Es elegir no incendiar cuando el país ya arde. Es decidir no dividir cuando la herida está abierta. Es caminar sin consignas, pero con principios. Y si eso incomoda a alguien, también está bien. No vine a gustarle a todo el mundo. Vine a cuidar este árbol para que, cuando todo pase, todavía tengamos sombra donde volver a encontrarnos.
