Muchas personas me han dicho que no soy neutral. Y tienen razón. Desde el inicio de esta campaña lo dije con honestidad: no deseo el continuismo, y esa es una postura personal que nunca he escondido. No porque lo diga desde la rabia, sino porque lo siento desde la conciencia. Pero también es cierto que nuestro lema, nuestra energía y nuestro norte no nacen del rechazo, sino de algo mucho más profundo: apaciguar tu ser interior para que Costa Rica pueda respirar en paz. Esa ha sido la raíz de todo, incluso cuando hemos tropezado, incluso cuando hemos tenido caídas y levantadas en este camino emocional.
Apaciguarnos no significa quedarnos quietos. No significa mirar hacia otro lado cuando algo nos preocupa. No significa disfrazar de calma lo que es una alerta real para el país. Apaciguarnos significa no dejarnos dominar por el miedo ni por el odio, pero sí actuar con lucidez, con determinación y con responsabilidad. Porque Costa Rica no podrá respirar en paz mientras exista una amenaza real de que el continuismo se consolide en el poder. Eso no es un ataque a una persona, es una advertencia sobre un modelo que, según la percepción de muchos, ha traído desgaste, tensión y una fractura emocional profunda en la convivencia nacional.
Hoy el momento es ahora. No es tiempo de treguas ingenuas, de silencios cómodos ni de pausas estratégicas que solo alargan la incertidumbre. Tampoco es tiempo de perder el centro. Es tiempo de trabajar con serenidad, pero con firmeza, para que ese escenario no se concrete. Y no desde la pelea sucia, sino desde la conversación honesta, desde el acercamiento respetuoso, desde el diálogo con quien duda, con quien está cansado, con quien ha decidido no votar porque ya no cree en nada.
Muchos están cegados, no por maldad, sino por el ruido, por la saturación emocional, por la desinformación, por la costumbre de vivir en alerta permanente. A veces ya no se logra ver con claridad el peligro que todavía nos ronda, porque el cansancio nubla el criterio. Pero este proceso no termina hasta que exista una resolución clara, firme y legítima dictada por nuestro Tribunal Supremo de Elecciones, en una contienda limpia, honesta y respetada por todos. Así debe ser en una democracia que se respeta.
Apacíguate, apaciguadito. Respira. Baja el ritmo del enojo, pero no bajes la guardia de la conciencia. Habla con todos los que puedas. Con los indecisos. Con quienes están a punto de caer en el abstencionismo. Con los que ya se rindieron. No para convencerlos con gritos, sino para invitarlos a pensar, a sentir, a recordar que este país se construye con la mente despierta y el corazón sereno.
Porque tú, yo y toda mente pensante de esta hermosa Costa Rica tenemos derecho a volver a respirar en paz. Y también tenemos la responsabilidad de atravesar este susto oscuro, esta pesadilla que jamás imaginamos vivir de esta forma, con la dignidad intacta, la palabra firme y el alma suficientemente grande como para no encogerse frente al miedo.
