Mensaje de Navidad

Queridos todos, hoy no quiero hablar de futuro ni de preocupaciones, ni siquiera de planes. Hoy quiero quedarme un rato en el camino recorrido. Hace poco más de tres meses empezamos a caminar juntos, casi sin darnos cuenta, como suelen empezar las cosas que son importantes. Tres meses de conversaciones honestas, de preguntas que no buscaban ganar discusiones sino entendernos mejor, de pausas necesarias cuando el ruido afuera parecía no dar tregua. Tres meses de aprender, poco a poco, a bajar el volumen sin desconectarnos del mundo, a respirar sin huir, a permanecer.

Tal vez esa preparación silenciosa que hemos venido cultivando sin alardes, sin consignas estridentes, sea justamente uno de los regalos más valiosos de esta Navidad. Prepararnos no solo para pensar mejor, sino para sentir mejor. Para escuchar de verdad. Para estar un poco más despiertos en medio de la prisa y la exigencia constante. Estos días nos invitan a eso: a disfrutar el tiempo que estamos viviendo, a saborearlo sin culpa, a permitirnos momentos de calma sin esa sensación persistente de que siempre falta algo más por hacer o por alcanzar.

La Navidad también nos toca el territorio de la memoria. Nos recuerda a las personas que ya no están físicamente con nosotros, pero que siguen ocupando un lugar intacto y luminoso en el corazón. Personas que nos enseñaron, que nos cuidaron, que nos acompañaron cuando no sabíamos cómo seguir. Recordarlas no es tristeza; es gratitud. Es reconocer que somos quienes somos porque alguien, en algún momento, nos sostuvo la mano, nos dio un consejo a tiempo o nos mostró una forma más humana y más amable de vivir.

Y en medio de todo eso, aparece Costa Rica. Esta patria pequeña y generosa que a veces damos por sentada. Un país que nos regala montañas, mares, lluvias mansas, cafecitos compartidos, conversaciones largas sin reloj, abrazos sinceros y una manera muy nuestra de entender la vida. Costa Rica no es perfecta, nunca lo ha sido, pero es profundamente nuestra. Es el lugar donde aprendimos a decir “pura vida” no como una frase vacía, sino como una actitud frente a la existencia. Donde todavía es posible sentarse a la mesa, mirar alrededor y sentir, sin necesidad de discursos, que hay mucho por agradecer.

Esta Navidad es una oportunidad para alabar lo que somos y honrar lo que tenemos hoy. No desde la ingenuidad ni desde la negación de los desafíos, sino desde la conciencia. Desde saber que vivir en paz, compartir con quienes amamos y respirar con tranquilidad ya es, en sí mismo, un privilegio enorme. No todo está resuelto, y no hace falta que lo esté. Hoy no necesitamos respuestas definitivas. Hoy basta con estar.

Que estos días te encuentren presente. Que puedas disfrutar una comida sin apuro, una conversación sin interrupciones, un silencio sin incomodidad. Que puedas mirar a quienes te rodean y recordar que la vida, aun con sus desafíos, sigue siendo un regalo. Y que esa práctica de apaciguar el ser interior, que hemos ido construyendo juntos con cuidado y respeto, se sienta natural en Navidad, como algo que siempre estuvo ahí y que ahora simplemente reconocés.

Gracias por caminar juntos este tramo. Gracias por la confianza, por la escucha, por el cuidado mutuo. Que esta Navidad te abrace con calma, con memoria y con una alegría serena. Y que Costa Rica, esta patria entrañable, siga siendo el lugar donde aprendemos a vivir con dignidad, con cariño y con esperanza.

Feliz Navidad. Que el corazón encuentre descanso y que la vida, aunque sea por un momento, se sienta un poquito más liviana.

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