No era esto. No así. No en Nicoya.

Es una fecha sagrada para Costa Rica.

Una página brillante de nuestra historia, escrita con dignidad por un pueblo que decidió, por voluntad propia, formar parte de esta nación.

El Partido de Nicoya no se anexó por miedo, ni por presión, ni por favores.

Se anexó por visión. Por convicción.

Porque vieron en Costa Rica una posibilidad de unión, de libertad, de futuro compartido.

Y Costa Rica, al recibirlos, no solo creció en territorio. Creció en alma.

En cultura. En coraje. En belleza. En dignidad.

Eso se honra.

Eso se agradece.

Eso no se convierte en un circo.

Y sin embargo, ayer, 25 de julio del 2025, el presidente de la República fue a Nicoya a hacer exactamente lo contrario:

a profanar una conmemoración con mitin,

a usar una fecha solemne como escenario de propaganda, a gritar, burlarse, atacar y hacer del acto un espectáculo pobre y vacío.

Un monólogo para alimentar su ego.

Una puesta en escena donde no hubo solemnidad, ni respeto, ni altura.

Donde la historia fue desplazada por la farándula del poder. Y el país entero lo vio.

Y yo, como costarricense, me avergüenzo.

Y como ciudadano, me disculpo.

Me disculpo con Nicoya. Con sus hombres y mujeres honestos, trabajadores, valientes.

Con quienes saben lo que significa amar a su tierra sin gritarlo. Con quienes aún creen en la democracia, en el respeto, en la decencia.

Porque ustedes no se anexaron para esto.

No para ser parte de un show político. No para ver convertida su dignidad en espectáculo. No para ser aplaudidos por troles ni manipulados por guiones predecibles.

Ustedes se anexaron para construir un país.

Y lo han hecho. Con trabajo. Con tierra. Con familia. Con fe.

Por eso este momento no representa a Costa Rica. Y mucho menos representa a Guanacaste.

Lo que sucedió ayer fue un circo. Pero eso sucede en cada país donde quienes gobiernan han dejado de ser líderes y se han convertido en payasos. Sucede, sobre todo, cuando quienes están frente a ellos actúan como simples espectadores… y aplauden el espectáculo, por más mediocre que sea.

Ustedes tomaron la decisión cargando kilómetros de tierra en sus espaldas para unirse a un gran país.

¿No merecían que, tantos años después, se les respondiera con dignidad?

¿Con memoria? ¿Con respeto?

Lo que se vivió ayer en Nicoya no fue una celebración. Fue una puesta en escena vulgar, vacía, decorada con porras pagadas y gritos ensayados. Un insulto a la historia. Una ofensa a su gente. Pero lo bueno de los circos es que no duran para siempre. Y este, también se va a desarmar.

Muy pronto, por la Puerta Grande, saldrán quienes llegaron a destruir disfrazados de constructores. Saldrán quienes gritan que luchan contra la corrupción, sin haber llevado a nadie ante la justicia, y estando ellos mismos a dos pasos del banquillo de los acusados.

Señores nicoyanos, hace muchos años fue difícil. Y hoy también lo es. Pero ustedes lo lograron solos. Y hoy, juntos, lo vamos a lograr de nuevo.

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