En una de mis publicaciones de días anteriores, donde conté que me preocupaba no poder mantener la campaña por falta de recursos, alguien comentó algo que me llamó la atención. Dijo algo así como: “Deje de hablar de escasez, porque cuando uno habla de escasez, jala la escasez. Uno no puede decir que es un limpio”.
Es una frase interesante. Un poco profunda, un poco dura, un poco golpeante también. Y por eso quiero responderla con claridad, sin enojo, sin drama y sin confusiones.
Primero que todo, quiero decir algo con absoluta tranquilidad: yo no soy un limpio, y yo no estoy en escasez. Mi vida está en orden. Tengo varios proyectos, trabajo en distintas áreas, cumplo con mis pagos, con mis responsabilidades, con mi casa, con mi vida. De esos ingresos, yo destino una parte importante de dinero para sostener esta campaña. Y otra parte de la campaña se mantiene con donaciones y con las ventas de libros que, en la práctica, han sido donados, porque toda esa utilidad va directamente al proyecto.
Entonces no. Esto no es escasez. Esto es presupuesto.
Lo que sí es cierto —y eso fue lo que yo quise expresar— es que la campaña como tal muchas veces se queda sin recursos para continuar, y en esos momentos me preocupa cómo sostenerla. Pero eso no significa que todo se caiga, ni que yo esté en ruina, ni que viva desde la carencia. Lo hermoso es que, cada vez que parece que la campaña se va a quedar varada, se levanta de nuevo y sigue. Aparece un aporte, una compra, un gesto, un empujón. Y la rueda vuelve a girar.
Así que sí, hay momentos en los que la campaña se queda sin fondos. Pero eso no es escasez. Eso es simplemente un proyecto que vive al día, como viven muchos proyectos ciudadanos.
Mi vida personal está en orden. Mi economía personal está en orden. Y mi compromiso con la campaña también está en orden.
Solo que no siempre puedo sostener toda la campaña por mi cuenta. Y decir eso no es atraer pobreza, ni victimizarse, ni hablar desde la carencia. Es hablar con honestidad sobre los límites humanos de cualquier esfuerzo. Y la verdad es esta: la campaña no se ha detenido ni un solo día.
Así que, con mucho respeto, quería dejar esto claro. No para defenderme, sino para ordenar el mensaje. Porque una cosa es la escasez, y otra muy distinta es la realidad de un presupuesto que sube, baja, respira, se aprieta… y sigue. Y eso es exactamente lo que estamos haciendo: seguir.
