No es una guerra de generaciones

Alguien joven intentó ofenderme diciéndome que yo pertenezco a “la generación que solo votó por una bandera”, y que ahora “les toca a ellos”. No respondí desde la rabia, sino desde una certeza profunda: la democracia que hoy permite ese comentario no apareció por accidente, ni fue un regalo caído del cielo.

No, no soy parte de una generación ciega que votó sin pensar. Soy parte de una generación que, con errores y aciertos, defendió el derecho a elegir, a disentir, a criticar, a votar una y otra vez sin miedo. Una generación que entendió que la democracia no es perfecta, pero es corregible. Que no se tira a la basura solo porque no funciona como quisieras en un momento determinado.

Costa Rica tiene problemas, claro que sí. Corrupción, desigualdades, instituciones debilitadas, heridas abiertas. Nadie serio lo niega. Pero también es una Costa Rica libre. Y esa libertad —la de opinar, la de señalar, la de votar, la de protestar— no es automática ni eterna. Es frágil. Y siempre está en riesgo cuando se la desprecia.

No se trata de edades. Tú también eres parte de una generación, por supuesto. La diferencia no está en los años, sino en la actitud. Hay quienes creen que todo lo anterior fue inútil, que nada vale, que todo está podrido y que lo mejor es romperlo todo sin leer, sin estudiar, sin pensar. Eso no es rebeldía. Eso es pereza intelectual.

Criticar es un derecho. Disentir es saludable. Pero renunciar al pensamiento crítico, despreciar la historia y tratar la democracia como algo intercambiable no es valentía. Es irresponsabilidad. La democracia se reforma, se mejora, se empuja, se vigila. No se entrega por enojo ni se sacrifica por ignorancia.

Ojalá dentro de cuatro años puedas votar de nuevo con la misma libertad con la que hoy criticas y señalas. Porque ese derecho, aunque hoy te parezca garantizado, no lo es cuando se juega con él como si fuera descartable.

No es una guerra entre generaciones. Es una diferencia mucho más profunda: entre quienes piensan y quienes solo reaccionan. Entre quienes entienden que la democracia exige trabajo, lectura y compromiso, y quienes creen que destruir es más fácil que construir.

La pregunta no es a qué generación perteneces.

La pregunta es si estás dispuesto a cuidar lo que otros cuidaron para ti… o si estás dispuesto a regalarlo sin siquiera entender su valor.

2 comentarios en “No es una guerra de generaciones”

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