No todo es culpa de Rodrigo Chaves

Ciertamente, la manera de gobernar de don Rodrigo Chaves no ha sido la que más me gusta: ni en su forma, ni en su tono, ni en sus resultados. Incluso, personalmente me parece que —y sin pruebas— ha habido algún tipo de corrupción, intereses, manipulación y favoritismos.

Sin embargo, la culpa no es de don Rodrigo Chaves en su totalidad. Como bien aseguran sus seguidores, el problema de este país es la corrupción que ha existido durante los últimos 30, 40, 50 o hasta 70 años, como señalan algunos.
Ese es el verdadero culpable de la desgracia o de las cosas que no están bien en Costa Rica. La culpa no recae por completo —y podría ser que ni siquiera en gran parte— sobre don Rodrigo Chaves.

La culpa recae sobre el cansancio que hemos venido arrastrando: ver cómo se pierden millones de dólares en muchos gobiernos, las manipulaciones de otras administraciones, los favoritismos. Todo eso fue lo que nos llevó a este punto: a perder la fe en las instituciones, probablemente también afectadas; a perder la fe en los gobernantes; a creer que mucho está perdido.

Y en medio de esa pérdida de fe apareció don Rodrigo, cuando ya creíamos que nada podía funcionar. Y él también aporta, de la misma manera que aportaron otros, o incluso tal vez peor, porque viene con un discurso que, a mí, me resulta vulgar y soez. Pero el pueblo está tan cansado que, en este momento, deja de ver la corrupción —o al menos apaga su detector de corrupción— y se enfoca en alguien que le da esperanzas, que le dice que entiende su dolor, que promete poner orden y castigar a los culpables.

Así, al señalar a los corruptos de nuestra historia reciente —aunque no siempre diga sus nombres, y aunque ya todos lo supiéramos—, como lo hace en micrófono y con palabras de calle, se convierte en… ¿cómo era que decían? “El mesías, el Moisés, el ungido.”

Un pueblo herido, necesitado de un apapacho, de alguien que le diga que todo va a estar bien, se aferra a eso, aunque ese “todo va a estar bien” nunca llegue. Sí, ciertamente la culpa de lo que estamos viviendo no recae por completo sobre Rodrigo Chaves, sino sobre décadas de desgaste, sobre administraciones que defraudaron al país una y otra vez. Por eso, hoy, muchos —cansados de pensar y analizar sin ver resultados— simplemente deciden cerrar los ojos y entregar el poder a esta nueva agrupación.

Costa Rica está tan cansada de estar a la deriva, que hoy alucina en mar abierto y confunde un yunque con un salvavidas. Se lanza al agua, nada hacia él, se aferra… y una vez que son los suficientes los que se amarran, todos se hunden juntos, llevándonos con ellos.

Y en medio de esta alucinación, en busca de un salvavidas, pensamos que la continuidad es lo único que nos podría salvar. Lamentablemente —y desde mi punto de vista—, es lo que podría hundirnos hasta el fondo, donde pocos rescatistas podrían llegar por nosotros.

Yo entiendo perfectamente que Rodrigo Chaves apareció como un salvador, con un discurso que toca fibras muy sensibles en muchas personas. Pero, honestamente, creo que el continuismo, en este momento, es una decisión sumamente peligrosa; y mucho más si nos fijamos en la persona que sería quien lo sustituya.

En resumen: las administraciones recientes, probablemente, fueron el terreno de cultivo perfecto para que apareciera alguien como don Rodrigo.
Aunque, lamentablemente, lo único que hizo fue hablar de eso, sin solucionarlo.
No es su culpa, pero tampoco hay nada que agradecerle.

Ya veremos cómo nos va en el futuro, con quien decidamos que lleve la banda presidencial durante los cuatro años que siguen.

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