
Nuestros diputados vienen en camino. Pasarán por el hotel, se comerán algo y luego arrancarán de regreso para San José. Vienen con hambre, cansados, embarrialados y picados de zancudos. Han sobrevivido a la Operación Triquitraque. Aunque según me cuenta, al menos un par tuvieron ataque de pedos ipso facto… in situ.
Según cuentan, estando allá se escuchó una explosión y todo el mundo se fue al suelo. Prensa, jaguares, pericos, frenteamplistas y demás especies silvestres de la política nacional. Todos salieron ilesos, aunque varios tuvieron la oportunidad de probar el barro de olla, el mismo que recibió a nuestra presidente durante aquel episodio que todavía algunos recuerdan con una sonrisa y otros con gastritis. Mientras tanto, los súper policías corrían de un lado para otro viendo qué había pasado y, sobre todo, a quién podían perseguir. Por dicha todavía necesitan una justificación antes de volar bala, así que la cosa no pasó de susto, barro y carreras.
Por supuesto, ya empezaron los comentarios. Que fue un show mediático. Que no fue un show mediático. Que sí. Que no. ¡Que se venga el chaparrón! Y la verdad es que yo no estaba ahí, así que no puedo jurarlo. Lo que sí puedo decir es que hay una cosa que me parece curiosa.
Después del triquitraque, varios diputados vienen diciendo que la zona necesita más seguridad. Y claro que sí. Eso lo sabemos todos. Pero más o menos. Porque si yo fuera un malhechor de esos que trabajan por la libre en Crucitas, hoy me habría escondido detrás de una mata, me habría quedado calladito y habría dejado que toda la gira saliera perfecta. Que vieran pajaritos. Que vieran árboles. Que vieran mariposas. Que se tomaran las fotos. Que se devolvieran felices. Y que no regresaran hasta dentro de cuatro años. Pero no.
Alguien decidió hacer una explosión precisamente cuando estaban los diputados, la prensa y medio país viendo para allá. Eso es como pegarse un grito desde el escondite. Como encender una candelada para que lo encuentren a uno. Como que no termina de cuadrarme.
Pero bueno.
Todos vienen de regreso. Unos en microbús, otros en sus respectivos vehículos, todos con una historia nueva para contar. La que sí viene en carro blindado es la presidente, por segunda vez en nuestra historia. Un dato curioso para un país que siempre se ha sentido relativamente tranquilo y donde, hasta hace poco, estas cosas parecían escenas reservadas para otros lugares del mundo.
Y ahí es donde la historia se pone interesante. Porque los diputados fueron a ver si la zona tenía problemas de seguridad. Escucharon una explosión. Terminaron embarrialados. Vieron un operativo policial desplegado por todo lado. Y ahora regresan diciendo que la zona necesita más seguridad.
Tal vez el triquitraque fue show. Tal vez no.
Pero si lo que buscaban era llamar la atención sobre Crucitas, hay que reconocer que funcionó bastante bien.
Porque hoy todo el mundo está hablando de eso.
Incluso nosotros.