Panamá, disculpen el tono

Costa Rica y Panamá han sido históricamente pueblos hermanos. Vecinos. Socios. Aliados naturales. Países pequeños que, de una u otra forma, han entendido durante décadas que convivir inteligentemente vale muchísimo más que ganar una discusión pública. Por eso duele un poco leer las noticias de estos días.

No necesariamente por el conflicto comercial en sí, porque los desacuerdos entre países existen y seguirán existiendo siempre. Para eso existen organismos internacionales, tribunales, apelaciones, negociaciones y mecanismos diplomáticos. Lo que preocupa es otra cosa. El tono. La forma. La sensación de que estamos entrando en una etapa donde las relaciones internacionales empiezan a parecerse demasiado a las peleas internas que hemos venido normalizando dentro de Costa Rica. Y honestamente, creo que eso no nos representa del todo.

Las declaraciones del presidente panameño fueron fuertes, pero también dejaron entrever algo importante. Que el problema no parece ser únicamente el fallo de la Organización Mundial del Comercio, sino la manera en que el conflicto se manejó públicamente. Cuando él dice que estas cosas no se manejan “desde un púlpito, una tarima o una conferencia de prensa”, el mensaje es clarísimo: entre países vecinos las diferencias también requieren prudencia, diplomacia y respeto mutuo. Y tiene algo de razón.

Porque Costa Rica históricamente ha sido admirada precisamente por eso. Por el diálogo. Por la moderación. Por la diplomacia elegante. Por resolver tensiones sin necesidad de convertir todo en confrontación pública o emocional.

Claro que el país tiene derecho a defender sus intereses comerciales. Claro que si hubo un fallo favorable en la OMC, corresponde buscar su cumplimiento. Pero también es cierto que la forma en que se hacen las cosas importa. Muchísimo. Sobre todo cuando hablamos de vecinos, aliados históricos y pueblos que han convivido durante generaciones con cercanía y respeto.

Por eso hoy, más allá de quién tenga jurídicamente la razón, me nace decir algo muy sencillo: Panamá, disculpen el tono. Disculpen si en algún momento pareció que la relación entre dos pueblos hermanos se estaba manejando más desde la confrontación política que desde la diplomacia inteligente que siempre caracterizó a esta región.

Muchos costarricenses seguimos viendo a Panamá con cariño, con respeto y con admiración. Y estoy seguro de que muchísimos panameños sienten exactamente lo mismo hacia Costa Rica.

Porque los gobiernos pasan. Los estilos políticos pasan. Pero los pueblos permanecen. Y ojalá nunca perdamos la capacidad de hablarnos como vecinos, como amigos y como países hermanos, incluso cuando existan diferencias importantes sobre la mesa.

Tal vez ahí también exista una lección para nosotros mismos. Porque si el tono agresivo ya empezó a afectar incluso nuestras relaciones internacionales, entonces quizá sea momento de preguntarnos cuánto nos está cambiando internamente esta nueva forma de hacer política. Y ojalá todavía estemos a tiempo de corregirlo.

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