Parte 1: El dinero público bajo sospecha

Me llegó una lista extensa —larguísima, de hecho— sobre presuntas irregularidades en la administración actual. No puedo publicarla toda de una vez porque es demasiado grande, así que la compartiré por partes. No lo hago por enojo ni por política, sino por responsabilidad cívica. A veces, la mejor manera de apaciguar el ser interior no es quedarse callado, sino observar con calma, entender lo que sucede y nombrarlo sin odio. Cada punto de esta serie invita a pensar, no a atacar.

En esta primera entrega, revisemos los temas relacionados con el uso del dinero público. Lo que sigue es apenas una muestra de lo que muchos costarricenses han leído, escuchado o discutido durante los últimos meses.

El dinero público bajo sospecha

  • Sobreprecio de $134 millones en el proyecto de Ciudad Gobierno.
  • Contrato con Cisco por $165 millones, señalado por presuntas irregularidades.
  • $220 millones en sobreprecios en la construcción de Ebais.
  • Más de $700 millones en contratos “piñata” en la CNE sin pasar por SICOP.
  • Reajuste injustificado de $44 millones en la ruta 32, con eliminación de pasos elevados.
  • Regalo de ₡35.000 millones a importadores de arroz por exenciones ilegales.
  • Contratación directa y cuestionada de Dekra, sin los debidos procesos.
  • Grabaciones del BCIE donde se habla abiertamente de concusión y favores políticos.

Cada cifra duele, no solo por su magnitud, sino porque detrás de cada millón perdido hay escuelas que no se construyeron, carreteras que no se arreglaron y hospitales que siguen esperando. No son solo números: son vidas afectadas, esperanzas aplazadas y confianza fracturada.

Y, sin embargo, aquí estamos, acostumbrándonos poco a poco a la idea de que esto “es normal”. No, no lo es. Y el día que dejemos de indignarnos —con calma, sin gritar, pero con conciencia— habremos perdido mucho más que dinero.

En la próxima entrega: El deterioro institucional.
Porque los chorizos no solo se miden en millones, sino también en silencios, amenazas y desprestigio hacia las instituciones que deberían protegernos.

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