Pensar distinto no convierte automáticamente a alguien en enemigo

La diputada Abril Gordienko, del Partido Unidad Social Cristiana, votará a favor del proyecto de ley para la modernización del ICE. Y nosotros, los apaciguados, tenemos que pensar en eso.

Porque la primera reacción que muchas veces tenemos —y que honestamente yo también tengo— es condenar inmediatamente a quien no vota como nosotros queremos. Como si pensar distinto automáticamente convirtiera a alguien en irresponsable, vendido o carente de valores. Pero la realidad normalmente es mucho más compleja que eso.

Desde la campaña electoral, el Partido Unidad Social Cristiana apoyaba este proyecto de ley. No es algo nuevo. No apareció de repente. No es una posición improvisada de última hora. Ellos han sostenido públicamente que consideran correcto apoyar este camino y luego hacerle modificaciones al proyecto durante el proceso.

Y para que quede completamente claro, les voy a decir algo más.

Durante los últimos días he estado conversando con decenas de diputados, exdiputados, expresidentes, magistrados y personas del mundo académico costarricense, tratando de entender este tema desde diferentes perspectivas. Escuchando argumentos a favor y en contra. Haciendo preguntas. Analizando escenarios. Tratando honestamente de comprender qué podría ser mejor para Costa Rica.

Y después de todo eso, he llegado a una conclusión personal: yo considero que este proyecto de ley, tal como está en este momento, no le beneficia a Costa Rica.

Pero quiero dejar algo muy claro también.

No llegué a esa conclusión porque todas las personas con las que hablé pensaran igual. De hecho, escuché posiciones muy distintas entre sí. Llegué a esa conclusión porque fue el resultado de mi propio análisis, de mis conversaciones y de mi percepción personal del tema.

Y aun así, respeto profundamente las posiciones de quienes piensan diferente.

Porque honestamente no creo que necesariamente exista una conspiración, una intención oscura o una falta de honestidad en todas las personas que desean aprobar el proyecto. Creo que muchas de ellas genuinamente consideran que esta propuesta puede ser positiva para el país.

Entre las personas con las que conversé están Juan Carlos Hidalgo y la diputada Abril Gordienko. Aprendiendo de ellos. Escuchando sus argumentos. Observando sus puntos de vista.

Y a pesar de que Abril votará a favor del proyecto, desde Apacigua no quemamos las barcas. Seguimos creyendo en ella como persona y como diputada. Tanto así, que incluso le ofrecí mis servicios profesionales ad honorem para colaborar con sus asesores en algunos temas de comunicación y análisis humano.

Porque al final del día, más allá de los votos, las posiciones políticas o las diferencias ideológicas, seguimos siendo costarricenses tratando de construir país desde perspectivas distintas.

Y tal vez eso también es Apacigua. Entender que se puede disentir sin destruirse. Que se puede pensar diferente sin odiarse. Y que, aunque a veces votemos distinto… todos seguimos compartiendo el mismo país.

Y tal vez aquí es donde también tenemos que recordar algo importante.

La reciente campaña electoral dejó un ambiente muy incendiado en Costa Rica. Un país mucho más acelerado, más agresivo y mucho más dividido emocionalmente. A veces pareciera incluso que empezamos a perder parte de aquello que durante décadas nos hizo diferentes: el famoso “pura vida”. Esa capacidad de convivir, disentir y seguir viéndonos como vecinos, como seres humanos y como compatriotas.

Y precisamente momentos como este —donde una votación legislativa empieza a sentirse emocionalmente casi como una elección presidencial— son los momentos donde los apaciguados tenemos que hacer un esfuerzo consciente.

El esfuerzo de bajar el tono. De apagar incendios en lugar de alimentarlos. De respirar antes de destruir a alguien en redes sociales. De entender que pensar distinto no convierte automáticamente al otro en enemigo.

Porque si dejamos que cada discusión nacional se convierta en una guerra emocional entre costarricenses, entonces poco a poco iremos perdiendo algo muchísimo más valioso que cualquier proyecto de ley: La capacidad de convivir como país.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio