
No creo que los gobiernos anteriores hayan destruido a Costa Rica. Tampoco creo que el país esté en ruinas económicas. Creo que está en riesgo moral.
En riesgo de perder la decencia, el respeto, la forma de hablar, la forma de tratarse, la forma de gobernar.
Todavía estamos a tiempo. Todos podemos hacer algo desde nuestros lugares.
Yo estoy intentando hacerlo a través de mis artículos: textos que no buscan agradar, sino despertar conciencia. Que inviten a pensar qué es lo que está pasando, qué decisiones nos trajeron hasta aquí y hacia dónde podríamos ir si seguimos por el mismo camino.
Yo no voy a salir a las calles con banderas, ni voy a ir a gritar a Casa Presidencial. Mi bandera está en las palabras. Y mi trinchera, en la reflexión.
Si tú crees que también quieres aportar, aunque no tengas cómo hacerlo directamente, te invito a usar mi voz como extensión de la tuya.
Si en algún momento alguno de mis artículos te parece que podría ayudar en esta misión de emergencia —porque sí, es una emergencia moral y nacional— compártelos.
Compártelos no por mí, sino por lo que representan: un intento de despertar, una invitación a pensar, un llamado urgente a recuperar el país que todavía puede salvarse.