
Querido chavista:
No te escribo para convencerte. Te escribo para entenderte, aunque no comparta lo que apoyas.
Sé que estás cansado. Sé que durante años viste cómo políticos de siempre se turnaban el poder, se enriquecían, mentían y te hacían sentir que tu voto no valía. Sé que te prometieron progreso y te dieron frustración. Y entiendo que cuando apareció alguien que hablaba fuerte, sin filtros, con tono de “ya basta”, sentiste que por fin alguien decía lo que tú también pensabas.
Lo entiendo.
Pero lo que no entiendo —y es ahí donde duele— es cómo ese desahogo terminó convirtiéndose en una defensa ciega. Cómo el enojo legítimo por la corrupción se transformó en culto a la soberbia, en aplauso a la grosería, en odio hacia quien piensa distinto.
No puedo entender cómo pasamos de pedir decencia a justificar el abuso, de exigir transparencia a celebrar la mentira, de valorar la inteligencia a premiar la agresión.
Tú dices que el presidente es “del pueblo”. Pero ¿de qué pueblo? Porque el pueblo no se divide entre patriotas y enemigos, ni entre los que aplauden y los que estorban. El pueblo somos todos: incluso los que no piensan como él.
Y si el presidente necesita que lo defiendan insultando, tal vez no es tan fuerte como crees.
No quiero que dejes de creer. Quiero que empieces a pensar. Que te preguntes si el país que estás defendiendo se parece al que soñabas. Si el líder que apoyas hoy realmente representa lo que esperabas cuando dijiste “ya basta”.
Te lo digo con respeto, no con rabia. Porque me duele ver cómo una parte hermosa del pueblo costarricense —la más trabajadora, la más noble— ha sido manipulada con discursos de división.
Ojalá algún día podamos volver a conversar sin gritar.
Porque el verdadero enemigo no es quien piensa diferente: es quien se aprovecha de esa diferencia para dividirnos.
Y eso —aunque no lo veas todavía— no lo hace un patriota. Lo hace un manipulador.
Con afecto, Vinicio Jarquín
Me parece tan inteligente, valiente y patriota. Muy orgullosa de contarlo entre mis amigos!