Querido padre de familia

Querido padre de familia, muchas veces las decisiones gubernamentales o las decisiones de país se toman sin que vos podés decidir, opinar o sentir que te toman en cuenta. No esta vez. Esta vez sí te están tomando en cuenta. Y el primero de febrero tenés la autoridad y el derecho de elegir qué querés para este país.

Se habla mucho de corrupción. Se habla de muchas cosas. Pero en este momento no se trata de eso. No se trata de macroeconomía. No se trata de infraestructura. No se trata de cifras ni de gráficos. Se trata de algo más profundo y más cercano: la libertad, la democracia y los derechos.

Se trata de preguntarte si, dentro de muy poco tiempo, tus hijos podrán —sí o no— hablar en público sin miedo. Se trata de saber quién podrá —sí o no— hablar en contra del gobierno sin ser señalado, atacado o silenciado. Se trata de preguntarte si vamos a seguir atacando al Tribunal Supremo de Elecciones hasta que, un día, ya no podás votar y para tus hijos el voto sea solo una historia en los libros de estudios sociales.

Se trata también de cosas que parecen pequeñas, pero no lo son. De si podrás encender la radio de tu casa o de tu carro y escuchar la emisora que querás, o si terminaremos con dos, tres, cuatro o cinco emisoras “autorizadas”, alineadas y aprobadas por el poder de turno.

Tené mucho cuidado.

Podés estar enamorado de un candidato o de una candidata. Eso es humano. Eso pasa. Pero no perdás de vista que lo que está en juego no es una persona, sino los derechos que te protegen a vos y a tu familia. Porque cuando los derechos se debilitan, no se debilitan para “otros”. Se debilitan para todos.

Esto no se trata de qué hicieron los anteriores. Se trata de qué no hicieron los anteriores y qué sí se está haciendo ahora. Se trata de reconocer señales. De leer el ambiente. De escuchar cuando algo no suena bien.


Estás en tu derecho de elegir. Nadie te lo quita. Pero pensá también en el derecho de tus hijos. En el país en el que van a crecer. En la libertad que van a heredar… o no. Esta vez, tu decisión pesa más de lo que parece. Y no es solo por vos. Es por ellos.

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