Hace algún tiempo dediqué muchas horas a desarrollar una serie de cincuenta artículos llamada Apacigua del 1 al 50. La idea era que, si contaba con suficiente aceptación, continuaría posteriormente con una segunda serie: Apacigua del 51 al 100.
Sin embargo, la serie no logró atraer la cantidad de lectores que esperaba y, por esa razón, decidí suspenderla para explorar otros enfoques y nuevas formas de comunicación.
Eso nunca significó que estuviera tirando la toalla ni mucho menos que me estuviera retirando.
Yo sigo aquí con ustedes.
Hay dos cosas que he dicho en repetidas oportunidades:
Servirles a ustedes es el más grande honor.
Apacigua no es mío. Apacigua es un llamado.
El día de hoy no escribí por dos razones.
La primera es que nueve amigas vinieron a visitar a mi mamá, y tuve mucho en qué ayudar durante toda la jornada.
La segunda es que estoy terminando el taller que impartiré mañana, porque oficialmente Apacigua iniciará el acompañamiento a un importante grupo de asesores legislativos.
Apacigua es una organización tremendamente grande, aunque hoy sea una sola persona la que se encarga de prácticamente todo. En estos días estoy escribiendo un manual que recoge cómo debe ser Apacigua, cuáles son sus principios y cuáles son sus valores fundamentales.
Cuando lo termine, se los presentaré.
La próxima semana iniciaré también un proceso de acompañamiento con magistrados. Comenzaremos con magistrados de la Sala Constitucional y posteriormente continuaremos con las demás salas.
Porque Apacigua no se trata únicamente de apaciguarse. También se trata de llevar valores, reflexión y diálogo a todas las instituciones de nuestro país.
Hace poco alguien me comentó que le gustaban mis escritos, pero que evidenciaban una cercanía con el PLN.
No es así.
No tengo color político y nadie sabe por quién voté en las últimas elecciones.
De hecho, después de la contienda electoral terminé siendo amigo de personas provenientes de distintas corrientes y visiones políticas. Eso, lejos de darme un color político, demuestra precisamente lo contrario.
Y si alguien piensa eso por mi amistad con don Óscar Arias y por algunas fotografías en las que aparecemos juntos, puede sacar sus propias conclusiones. La realidad es muy sencilla: somos amigos.
También hubo quienes dijeron que me estaba victimizando para ganar seguidores.
Si conocieran el esfuerzo que he realizado desde octubre hasta hoy, probablemente no dirían eso.
Yo no necesito victimizarme. Si esa fuera la estrategia, sería mucho más sencillo cerrar el chinamo y dedicarme a otras cosas.
Y si de ganar seguidores se trata, prefiero que las personas me sigan por mi trabajo, por mis resultados y por mis acciones.
Además, actualmente se transmiten mensajes de Apacigua en seis emisoras nacionales, seis veces al día, los siete días de la semana. Son mensajes que yo mismo grabé en los estudios de la Cadena Radial Costarricense.
Y así como Apacigua Radio continúa creciendo como emisora musical por internet, muy pronto iniciaré también un programa diario en FM.
Más adelante les contaré los detalles.
En fin, aquí sigo con ustedes.
La serie se suspende.
Pero Apacigua no.
Soy Vinicio Jarquín.
Apacigua tu ser interior, para que Costa Rica pueda respirar en paz.