
Costa Rica, la tierra de los ticos, está en peligro.
La paz que ha sido nuestro mayor orgullo, el sello que nos ha distinguido en el mundo, comienza a resquebrajarse. No por una amenaza externa, sino desde adentro, desde el mismo corazón de la república.
Como un ojo de agua que empieza a hervir, se siente la efervescencia en el ambiente. Superamos una pandemia, pero hoy enfrentamos otra: una pandemia emocional que nos está enfermando por dentro. Una fiebre de enojo, de división, de insultos que nos hace perder la paz día a día.
Esta es la tierra de los ticos, y solo los ticos podemos salvarla.
Pongámonos de pie, todos y cada uno de nosotros. No importa a quién sigamos, a quién admiremos o por quién votemos. Pongámonos de pie porque nuestra tierra está en peligro.
Lo que conocemos, lo que siempre hemos amado, se está viendo afectado por una efervescencia que no construye, por una plaga que divide, por un virus que no se propaga por el aire, sino por las palabras.
Adelante, costarricenses.
Nosotros somos los ticos, y esto es Tiquicia.
Hablemos con respeto, escuchemos con el corazón, y recordemos que ninguna campaña política vale más que la paz de un pueblo.
Volvamos a ser hermanos. Volvamos a ser ejemplo. Salvemos a Tiquicia.