No somos un partido político, ni una secta, ni un grupo uniforme que piensa igual. Somos personas comunes que decidimos algo poco popular en estos tiempos: pensar antes de reaccionar.
Somos democracia viva.
Somos libertad ejercida con responsabilidad.
Somos defensores de la institucionalidad costarricense.
Creemos en el Estado de Derecho, en la división de poderes y en las reglas que nos permiten convivir sin destruirnos. No seguimos caudillos, no entregamos nuestro criterio y no confundimos fuerza con gritos. Nuestro libro no es un discurso ni una consigna: nuestro libro es la Constitución Política de la República.
No vivimos del enojo permanente ni de la polarización. Opinamos, cuestionamos y debatimos, pero sin insultar.
Analizamos, contrastamos información y nos permitimos cambiar de opinión cuando la realidad lo exige. Entendemos que la calma no es debilidad, sino lucidez.
Sabemos que el voto es un acto íntimo y poderoso. Por eso no votamos desde la rabia ni desde el miedo. Apaciguamos nuestro ser interior antes de decidir, porque sabemos que la democracia también se cuida desde adentro.
En un país ruidoso, elegimos pensar.
En tiempos de fanatismo, elegimos conciencia.
Y desde ahí defendemos la democracia, la libertad y las instituciones, ondeando diferentes banderas, siempre que estas representen lo que somos como hermanos y como ticos.
Apaciguamos nuestro ser interior para que Costa Rica pueda respirar en paz.
