Estimados costarricenses y extranjeros que votan en nuestro país, hoy te hago un llamado de atención. Un llamado firme, pero consciente, porque lo que está pasando en estos días puede ser más peligroso de lo que parece.
En las últimas semanas, sondeos de opinión se han interpretado como encuestas, y encuestas se han interpretado erróneamente como si fueran sentencia. En este país democrático, libre y de derecho, ningún presidente es declarado como tal hasta que se pronuncie el Tribunal Supremo de Elecciones, y eso ocurre después de que el electorado vaya a las urnas, en este caso, el primero de febrero.
Por eso, tené mucho cuidado con creer que ya hay una persona ganadora, que “ya todo está decidido”, o que ya no hace falta salir a votar. Esa idea es veneno suave. No mata de golpe, pero desmoviliza. Y la desmovilización, en un país como el nuestro, puede abrir una puerta que luego cuesta años cerrar.
El primero de febrero tenemos que ir todos, uno a uno, ir y poner nuestro voto. Votar por una democracia. Votar por libertad. Votar por instituciones. Votar por poder seguir viviendo en Costa Rica de la manera en que hemos vivido, con nuestras imperfecciones, sí, pero con un marco que nos protege y nos permite corregir, fiscalizar, denunciar y cambiar.
Yo sé que mucha gente habla de corrupción. Yo sé que se habla de un montón de cosas que han sucedido en gobiernos anteriores. Y está bien discutirlo. Está bien investigarlo. Está bien exigir cuentas. Pero si votás por la democracia y por la libertad, al menos vas a poder seguir viviendo en un país donde esas discusiones se pueden dar sin miedo, donde la crítica existe, donde el voto existe, donde el Estado de Derecho existe.
Ahora, en mi opinión, si votás por el continuismo, la Costa Rica que hoy conocemos se puede acabar. Y no lo digo por drama ni por exageración. Lo digo porque hay señales, porque hay patrones, porque hay formas de tratar las instituciones, de atacar a los árbitros, de desacreditar a quienes fiscalizan, que no son sanas para una democracia. Y cuando una democracia se erosiona, no se erosiona en un día. Se erosiona por costumbre, por repetición, por cansancio, por indiferencia ciudadana.
Levantate y andá a votar.
Repito: levantate y andá a votar este primero de febrero.
Esto no se trata de “yo no voto”. No se trata de “a mí no me interesa la política”. No se trata de “yo no sé nada de eso”. Se trata de rescatar a Costa Rica, porque estas elecciones son decisivas. Vas a tener que elegir entre seguir viviendo en la misma Costa Rica que tenemos hoy, con todas sus imperfecciones, o empezar a entregar, regalar o vender —por indiferencia o por emoción— el país que hemos conocido.
Y sí, lo voy a decir con claridad, porque hay momentos en que hay que decirlo: en no más de cuatro años podríamos parecernos más a países donde la democracia se debilitó hasta volverse un cascarón, como Nicaragua o Venezuela. No estoy diciendo que seamos ellos. Estoy diciendo que nadie está vacunado si dejás de votar, si dejás de defender las reglas del juego, si dejás de cuidar el derecho a disentir.
El futuro no se adivina. El futuro se defiende.
Y la primera defensa, la más simple y la más poderosa, es una sola: levantarte y votar.
