Una candidatura de Costa Rica no puede quedar en pausa

La destitución del canciller Manuel Tovar ocurrió en un momento especialmente delicado: durante la semana de alto nivel de las Naciones Unidas, cuando Costa Rica necesita sostener conversaciones para promover la candidatura de Rebeca Grynspan a la Secretaría General. Según informó La Teja, el politólogo Francisco Barahona advirtió que la salida repentina del canciller podría perjudicar ese trabajo diplomático. Es una advertencia seria, aunque todavía no una consecuencia demostrada. La presidenta Laura Fernández tiene la potestad de separar a un ministro de su cargo, y si considera que Manuel Tovar cometió una falta grave, le corresponde tomar una decisión. También le corresponde explicar con claridad qué ocurrió, especialmente porque Casa Presidencial atribuyó el despido a que el canciller participó en una reunión internacional sin informarle previamente. Esa explicación merece ser examinada con documentos y una cronología precisa, no solo con versiones enfrentadas.

Pero hay otra pregunta que no puede esperar a que se aclare esa disputa: ¿quién está dando continuidad, hoy, a la candidatura de Rebeca Grynspan? Una candidatura a la Secretaría General de la ONU no avanza por sí sola, pues requiere presencia, conversaciones, seguimiento y confianza entre gobiernos. El trabajo no depende exclusivamente de un canciller, pero su destitución en plena semana de reuniones obliga al Gobierno a mostrar cómo mantendrá el esfuerzo sin interrupciones. La incertidumbre sobre un despido no debería convertirse en incertidumbre sobre la posición de Costa Rica. Además, Rebeca Grynspan tampoco es candidata de un partido político. Su aspiración representa una oportunidad para que una costarricense ocupe una de las responsabilidades internacionales más visibles. Podemos tener distintas opiniones sobre ella o sobre el Gobierno y, aun así, reconocer que una candidatura presentada en nombre de nuestro país merece una gestión seria, constante y transparente.

Me preocupa la forma en que, una vez más, una decisión del poder político termina ocupando todo el espacio de la conversación pública. Discutimos quién sabía qué, quién avisó a quién y quién tiene la culpa, y mientras tanto la pregunta sobre el interés nacional queda al fondo. No sé si el despido afectará los apoyos de Grynspan, y nadie debería afirmar como hecho algo que todavía no se ha demostrado. Sí sé que Costa Rica merece conocer qué está haciendo el Gobierno para evitar ese riesgo. La presidenta puede cambiar de canciller, pero lo que no debería cambiar de un día para otro, sin explicación, es el compromiso del Estado con una candidatura que decidió respaldar. Por eso sería oportuno que Casa Presidencial informe quién asumió las conversaciones pendientes, cuál es la ruta diplomática para las próximas semanas y si mantiene plenamente su apoyo a Rebeca Grynspan. Eso permitiría discutir el despido con los hechos en la mano y, al mismo tiempo, cuidar una oportunidad que pertenece a Costa Rica. Porque los cargos pasan, los gobiernos pasan, pero las oportunidades que perdemos como país no siempre regresan.

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