No sé si es por ignorancia, por rebeldía o por resentimiento acumulado. Tal vez es una mezcla de todo eso. Lo que sí sé es que hay quienes están dispuestos a darle la estocada final a nuestra democracia sin dimensionar lo que eso significa.
No lo hacen con un golpe directo, ni con una confesión abierta. Lo hacen minimizando riesgos, normalizando ataques, justificando excesos. Lo hacen creyendo que nada grave va a pasar, que “no es para tanto”, que “siempre hemos salido adelante”.
Pero las democracias no mueren de repente. Se van apagando cuando dejamos de cuidarlas. Cuando el enojo pesa más que la razón. Cuando el resentimiento decide por encima de la historia. Cuando la rebeldía se confunde con valentía.
Y entonces, cuando queremos reaccionar, ya es tarde. Porque la estocada no siempre se siente en el momento. Se siente después, cuando lo que perdimos ya no se puede recuperar.
