
Y así… concluimos la clase de los sábados por la mañana, mientras unos pintaban acuarela y otros daban forma a sus alebrijes. El espacio se fue llenando de colores, de agua que corría sobre el papel, de pinceles que al inicio dudaban y que poco a poco encontraban su ritmo, su seguridad. Había una energía especial, de esas que no se explican del todo, pero que se sienten en el ambiente… como si cada persona, sin necesidad de decirlo, estuviera trabajando algo más profundo que la pieza que tenía enfrente.
Los proyectos van quedando hermosos, sí… pero no es solo eso. Hay algo mucho más valioso que se va construyendo en silencio. Es la satisfacción de hacer algo que antes no se había hecho, de atreverse, de equivocarse, de volver a intentar… y de darse cuenta de que sí se puede. Y en ese proceso, casi sin notarlo, también empieza a aparecer un descubrimiento interno. Porque no solo avanzan los colores o las formas… hay algo dentro que también se mueve, que también crece.
Gente que no se conocía llega, se sienta, comparte materiales, preguntas, silencios… y poco a poco se va tejiendo algo distinto. Una conversación que nace sin esfuerzo, una risa compartida, una mirada cómplice cuando algo no sale como se esperaba. Y sin darte cuenta, te vas con algo más que una pintura o una figura… te vas con vínculos, con pequeñas conexiones humanas que también nutren, que también sostienen.
Fue una mañana de risas… y también de momentos que tocaron el corazón. En algún punto, la conversación nos llevó a pensar en la partida de doña Lorena Clare, y el ambiente cambió suavemente, como cuando una nube pasa frente al sol. No fue una tristeza pesada… fue más bien una pausa, un recordar, un sentir compartido. Porque incluso en medio del arte, la vida se hace presente… y te invita a vivirla completa, sin saltarte nada.
Los alebrijes y las acuarelas siguen su camino, como también lo hace el propio proceso de cada uno. Y mientras se crea, mientras se mezclan colores o se da forma con las manos, algo dentro también se acomoda, se relaja, respira. Es como si, por un momento, el ruido bajara… y apareciera ese espacio en el que simplemente se puede estar, disfrutar, y recargar energía para seguir.
Gracias a todos los que vinieron hoy… porque cada uno aporta algo que no siempre se ve, pero que sí se siente. Y eso, al final, también forma parte de la obra.