Esta tarde vi el video de Sergio Ortiz Pérez, del programa Ojo Crítico. Un comunicador valiente, un analista agudo, un soñador, un ser humano con trayectoria y, sobre todo, un buen costarricense, a quien no tengo el gusto de conocer personalmente.
En su mensaje de hoy tocó varios temas, pero hubo uno que me llamó especialmente la atención: la forma clara, directa y pública en la que dio su adhesión al candidato del Partido Liberación Nacional, don Álvaro Ramos. Me pareció un acto valiente. Aventurero. Osado. Decidido. Y esas cosas, aun cuando uno no camine el mismo sendero, siempre se reconocen.
Quiero dejar algo muy claro: no lo aplaudo porque haya sido don Álvaro. Lo aplaudo porque tuvo el coraje de definirse. De pararse en un punto específico del camino y decir: aquí estoy. Estoy con este. Eso no es sencillo en tiempos donde la ambigüedad protege más que la claridad.
Yo, en lo personal, sé que no podré hacer eso. No es mi lugar. No es mi rol. No es mi tarea. Yo cargo con todos los apaciguaditos, no con unos u otros. Yo acompaño a todos. Yo camino con todos. Mi trabajo no se presta para levantar una bandera partidaria, aunque sí tengo muy claras mis posiciones en defensa de la democracia, de la Constitución y de la institucionalidad.
Él pudo hacerlo. Y lo hizo. Yo no puedo caminar ese camino. Pero él sí caminó el suyo. Y eso, en este momento histórico, merece respeto.
Tal vez su posición siempre fue esa. Tal vez fue una decisión reciente. Tal vez fue un paso que venía madurando. No lo sé. Pero lo dio. Y cuando alguien da un paso público, consciente y asumido, uno no tiene por qué coincidir para poder reconocerlo.
Mis felicitaciones, Sergio. No por un nombre, no por un partido, sino por haber hecho lo que sentiste que debías hacer.
Yo seguiré desde donde estoy. Con todos. Sin banderas partidarias. Con una sola bandera: que la democracia siga siendo nuestro estandarte y que la Constitución Política de la República continúe siendo nuestra casa común, tal y como está.
