XII – El desgaste social y la fractura del tejido humano

¿Por qué no deberíamos votar por el continuismo?

Un país no se mide solo por sus números económicos, por sus indicadores fiscales o por sus estadísticas de crecimiento. Un país también se mide por cómo se habla a sí mismo, por el clima emocional que se vive en las casas, en las calles, en los trabajos, en las conversaciones cotidianas. Y ahí es donde Costa Rica hoy muestra un desgaste profundo.

Vivimos en un ambiente de tensión permanente. De enojo acumulado. De bandos que ya no se escuchan. De discusiones que escalan rápido y se rompen fácil. Familias divididas, amistades que se evitan, conversaciones que se cancelan “para no pelear”. Eso no es casualidad. Es el resultado de una forma de hacer política.

Un gobierno no solo administra recursos; administra convivencia. Y cuando desde el poder se valida el enfrentamiento, la descalificación constante y la lógica de “ellos contra nosotros”, esa manera de relacionarse se filtra en toda la sociedad. Se normaliza la agresión verbal, se justifica el desprecio y se pierde la capacidad de dialogar sin atacar.

El continuismo promete seguir en esa misma dinámica. Una dinámica que puede ser rentable políticamente, pero que empobrece emocionalmente al país. Porque vivir en alerta constante, en conflicto permanente, cansa. Y un país cansado piensa peor, decide peor y se vuelve más vulnerable a discursos extremos.

Costa Rica siempre se ha caracterizado por una convivencia relativamente pacífica, por la posibilidad de disentir sin romper, por el respeto básico al otro, aunque piense distinto. Eso se está debilitando. No de golpe, sino lentamente, conversación a conversación, insulto a insulto, silencio a silencio.

El desgaste social no sale en los informes oficiales, pero se siente. Se respira. Y cuando se rompe el tejido humano, reconstruirlo es mucho más difícil que arreglar una carretera o ajustar un presupuesto.

Votar por un proyecto político también es decidir qué tipo de clima emocional queremos seguir viviendo. Si uno de confrontación constante… o uno donde sea posible volver a conversar sin miedo a romperlo todo.

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