XIII – El riesgo del precedente y lo que queda permitido

¿Por qué no deberíamos votar por el continuismo?

Uno de los peligros más serios del continuismo no está solo en lo que ha hecho, sino en lo que deja permitido. En política, lo que hoy se tolera mañana se normaliza. Y lo que se normaliza termina convirtiéndose en precedente. Ese es el riesgo más silencioso y, a la vez, más profundo.

Cuando se ataca sistemáticamente a las instituciones, cuando se desacredita a los contrapesos, cuando se normaliza el insulto desde el poder, cuando se relativizan las reglas “porque estorban”, se está enviando un mensaje claro: todo eso es aceptable. Tal vez hoy no tenga consecuencias inmediatas, pero mañana alguien más lo hará con menos freno, con menos pudor y con menos límites.

Los precedentes son peligrosos porque ya no necesitan justificación. Solo necesitan repetición.

Si hoy se acepta que un presidente trate a las instituciones como enemigas, mañana otro podrá debilitarlas aún más. Si hoy se normaliza el desprecio por la prensa, mañana será más fácil silenciarla. Si hoy se juega con la Constitución, mañana alguien querrá reescribirla sin consensos. Cada paso baja un poco más la vara.

Costa Rica ha sido un país que, incluso en momentos difíciles, ha cuidado las formas, los límites y las reglas. No porque todos los gobiernos hayan sido buenos, sino porque existía un consenso básico: hay cosas que no se hacen. Ese consenso está siendo erosionado.

El continuismo no solo propone seguir con un proyecto político; propone seguir con una manera de ejercer el poder que deja huellas. Y esas huellas no se borran cuando termina un mandato. Se convierten en permiso implícito para el siguiente.

La pregunta que deberíamos hacernos no es solo si estamos de acuerdo con este gobierno, sino qué estamos enseñando que se puede hacer desde el poder. Porque los países no se pierden solo por malas decisiones económicas, sino por la normalización de prácticas que antes eran impensables.

Votar también es decidir qué precedentes queremos dejar. Y algunos precedentes, una vez abiertos, ya no se pueden cerrar.

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