Ya no vinimos a luchar. Vinimos a sostener

Hay momentos en la historia de un país en que las palabras también deben cambiar. Durante una campaña electoral es natural hablar de lucha, de esfuerzo, de convencer, de defender una propuesta y de trabajar para que una visión de país obtenga el respaldo ciudadano. En democracia eso es legítimo. Se debate, se confrontan ideas y, finalmente, el pueblo decide. Pero cuando el proceso termina, también debe terminar la lucha. Porque una democracia no puede sobrevivir si permanece cuatro años en campaña permanente.

Nosotros ya luchamos. Lo hicimos en paz. Participamos, opinamos, escribimos, conversamos, propusimos y defendimos aquello en lo que creíamos. Pero la elección terminó. Hubo un resultado. Las reglas del juego democrático hicieron su trabajo y el país tiene un gobierno elegido conforme a nuestra institucionalidad. Nos guste o no el resultado, esa etapa concluyó.

Por eso, nuestra misión ya no es luchar. No vamos a vivir cuatro años enfadados. No vamos a convertir el enojo en una forma de vida ni a despertar cada mañana buscando un nuevo motivo para pelear. No vamos a permitir que la política nos robe la serenidad, la familia, las amistades ni la capacidad de disfrutar la vida. La lucha terminó el día en que los ciudadanos depositaron su voto.

Pero eso no significa desaparecer. Significa cambiar de misión. Ahora estamos llamados a sostener.

Vamos a sostener nuestra paz, porque una sociedad alterada toma peores decisiones que una sociedad serena. Vamos a sostener nuestro estado de ánimo para que la desesperanza no se convierta en la emoción dominante. Vamos a sostener nuestro espíritu para que el miedo, la ira o el resentimiento no ocupen el lugar de la esperanza.

Y también vamos a sostener aquello que hace posible la democracia.

Vamos a sostener la separación de poderes. Vamos a sostener el respeto por la Constitución. Vamos a sostener la independencia de las instituciones. Vamos a sostener a quienes, desde la función pública, cumplen su deber con integridad aunque reciban presiones o ataques. No porque pensemos que las instituciones son perfectas. Ninguna lo es. Las sostendremos porque las democracias se fortalecen mejorando sus instituciones, no debilitándolas.

Vamos a sostener también a las personas.

A quienes sienten amenazados sus derechos. A quienes, sin importar su condición, necesitan saber que siguen siendo costarricenses con la misma dignidad que cualquier otro. A quienes hacen enormes esfuerzos para llevar alimento a su mesa mientras el costo de la vida les exige cada vez más sacrificios. A quienes necesitan solidaridad más que discursos.

Vamos a sostener la patria.

Algunos sienten que Costa Rica ha perdido parte del prestigio internacional que durante décadas la distinguió. Otros creen que el país atraviesa una transformación profunda cuya dirección todavía está por definirse. Independientemente de cómo cada persona interprete este momento histórico, todos podemos coincidir en algo: la imagen de un país también depende de cómo actúan sus ciudadanos.

Por eso nosotros vamos a sostener aquello que siempre nos hizo diferentes. Vamos a sostener el respeto. Vamos a sostener el diálogo. Vamos a sostener la paz. Vamos a sostener el espíritu del «pura vida», no como una frase turística, sino como una forma de relacionarnos con los demás. Vamos a sostener la idea de que Costa Rica puede atravesar cualquier dificultad sin perder su esencia democrática.

Quizá no podamos controlar todas las decisiones del poder. Quizá no podamos cambiar el rumbo de cada acontecimiento nacional. Pero siempre podremos decidir cómo respondemos nosotros.

Y cuando dentro de muchos años alguien pregunte qué hicieron los costarricenses en uno de los momentos más difíciles de su historia democrática, ojalá pueda responderse que hubo miles que no cedieron al odio, que no renunciaron a la serenidad y que no alimentaron la confrontación permanente.

No estuvieron luchando cuatro años. Estuvieron sosteniendo. Sosteniendo la paz. Sosteniendo la democracia. Sosteniendo a las personas. Y, sobre todo, sosteniendo a Costa Rica.

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