
Esta tarde asistí a una reunión en Pavas que inicialmente pensé que sería una especie de rendición de cuentas de la policía hacia la comunidad. Imaginé un espacio donde las autoridades llegarían a explicar resultados, estadísticas, operativos y quizá algunos planes de seguridad. Pero conforme avanzó la reunión, entendí que la dinámica era distinta. No se trataba tanto de que la policía hablara, sino de que la comunidad hablara. De que las personas externaran sus preocupaciones, contaran lo que están viviendo en sus calles, explicaran dónde sienten inseguridad, dónde están ocurriendo robos, cuáles zonas se han vuelto conflictivas y qué situaciones se están saliendo de control. Llegué a esa reunión como un vecino más de la zona, aunque luego les expliqué que dirijo Apacigua, un movimiento ciudadano de reflexión y generación de opinión que construye puentes de diálogo con los distintos poderes e instituciones de la República. Y honestamente, me pareció muchísimo más útil de lo que esperaba.
El oficial Joshua Monge, quien dirigió la reunión con bastante carisma, cercanía y claridad, explicó algo que muchas veces la población no logra dimensionar completamente: la policía trabaja constantemente priorizando emergencias. Nos hablaba de la enorme cantidad de población que tiene Pavas, de las limitaciones operativas y de cómo muchas veces deben decidir rápidamente qué situación requiere atención inmediata y cuál puede esperar un poco más. Puso un ejemplo muy sencillo, pero muy ilustrativo. Decía que si alguien llama reportando ruido en una calle, pero simultáneamente existen situaciones de delincuencia más graves ocurriendo en otro sector, inevitablemente deben priorizar. Y aunque eso puede generar frustración en algunas personas, escuchar la explicación directamente de quien está coordinando esos esfuerzos cambia un poco la percepción simplista que muchas veces se tiene sobre el trabajo policial. Porque desde afuera es muy fácil caer en la crítica automática. “Nunca llegan.” “No hacen nada.” “No atienden.” Pero cuando uno escucha el volumen de situaciones que deben administrar, entiende que muchas veces no se trata de desinterés, sino de capacidad limitada frente a una realidad social compleja. Y eso no significa resignarse ni justificar todo. Significa comprender mejor el panorama antes de reaccionar impulsivamente.
En medio de esa reunión apareció también una figura que honestamente me llamó bastante la atención. Uno de los regidores del cantón central de San José, Gregory Garro, quien además vive en Pavas. Yo no lo conocía personalmente. Y quizá precisamente por eso la impresión fue más auténtica, porque no llegué condicionado ni con referencias previas. Simplemente lo observé hablar. Hizo una exposición bastante clara, firme, elocuente y con evidente conocimiento de la realidad que vive el distrito. Pero más allá del discurso, lo que realmente me sorprendió fue percibir un nivel de conexión genuina con la comunidad. Muchas veces la política municipal se siente distante, burocrática o invisible para la gente común. Sin embargo, en este caso, se notaba que había conocimiento territorial real. Conocimiento de parques, de sectores específicos, de problemáticas concretas y de dinámicas barriales que no se aprenden únicamente sentado detrás de un escritorio.
Y eso despertó mi curiosidad. Después de la reunión aproveché para preguntar referencias sobre él y sobre el trabajo que ha venido realizando. Conversé con algunas personas de la comunidad y honestamente me llamó la atención la cantidad de comentarios positivos relacionados con parques, recuperación de espacios y participación comunal. No estoy diciendo con esto que alguien deba ser idealizado automáticamente ni mucho menos convertido en héroe político. Creo que Costa Rica ya ha tenido suficientes decepciones como para aprender a no enamorarse demasiado rápido de figuras públicas. Pero sí creo que cuando alguien está haciendo un trabajo visible en una comunidad, también es válido reconocerlo. Porque uno de los problemas más grandes que tiene este país es que muchas veces solo prestamos atención a los políticos cuando hacen algo malo. Y quizá eso también distorsiona la relación entre ciudadanía y servicio público.
Tal vez deberíamos aprender a observar más. A seguir procesos. A mirar resultados pequeños pero concretos. A identificar quién aparece solo en campaña y quién verdaderamente se involucra con las comunidades incluso cuando no hay cámaras ni elecciones cerca. Porque al final los distritos no cambian únicamente desde grandes discursos nacionales. Muchas veces cambian desde decisiones pequeñas, desde parques recuperados, desde presión comunal organizada, desde funcionarios presentes y desde líderes locales que entienden la realidad específica de las calles donde viven las personas.
No sé todavía hacia dónde irá el trabajo de Gregory Garro ni cómo evolucionará políticamente en los próximos años. Tampoco sé cómo evolucionará la dinámica de seguridad en Pavas ni si las soluciones alcanzarán frente a problemas tan complejos. Pero sí sé algo: hoy salí de esa reunión sintiendo que todavía existen espacios donde la política y las instituciones logran tocar tierra y escuchar a la gente directamente. Y honestamente, en tiempos donde tantas cosas parecen construirse únicamente desde redes sociales, gritos y polarización, ver personas sentadas hablando de problemas reales de su comunidad todavía tiene algo profundamente valioso.
Quizá la democracia también se sostiene así. En reuniones pequeñas. En conversaciones incómodas. En ciudadanos que deciden involucrarse. En oficiales que escuchan. En líderes comunales que aparecen. Y en personas que todavía creen que vale la pena observar antes de destruir, comprender antes de reaccionar y reconocer cuando alguien, aunque sea imperfectamente, pareciera estar intentando hacer bien las cosas.