El abstencionismo no ocurre solo el día de las elecciones

Cuando se habla de abstencionismo, casi siempre pensamos en las personas que no salen a votar el día de las elecciones. Y sí, evidentemente existe un abstencionismo electoral. Personas que, teniendo la posibilidad de elegir, simplemente deciden no participar. Pero creo que existe otro abstencionismo todavía más profundo, más silencioso y más constante. El abstencionismo de los cuatro años. Ese que ocurre cuando alguien dice amar al país, preocuparse por Costa Rica, defender la democracia, apoyar al gobierno o luchar contra él… pero pasa años enteros sin involucrarse realmente en absolutamente nada.

Porque abstenerse no siempre significa no votar. A veces también significa no actuar, no participar, no construir, no apoyar, no sostener y no involucrarse. Y luego, desde la comodidad del sillón, indignarse por los resultados. Hay personas que pasan años enteros criticando al gobierno desde redes sociales, insultando diputados, discutiendo publicaciones y reaccionando con furia a cada noticia nacional, mientras en la práctica nunca hicieron nada concreto por fortalecer aquello en lo que supuestamente creen. Y también hay personas que desean cambios, hablan de ciudadanía, institucionalidad y democracia, pero tampoco participan en movimientos, proyectos o espacios donde puedan aportar tiempo, ideas, trabajo, energía o recursos.

Y entonces ambos lados terminan pareciéndose muchísimo más de lo que imaginan. Porque unos y otros observan el país… pero pocos realmente lo sostienen. A veces pareciera que creemos que Costa Rica es algo que otros deben arreglar mientras nosotros comentamos desde el teléfono. Como si el país fuera un espectáculo y no una responsabilidad compartida. Pero la realidad es otra. Mientras algunos ciudadanos observan, hay grupos políticos, movimientos, diputados, asesores, activistas y organizaciones trabajando intensamente todos los días para mover el país hacia la dirección que consideran correcta. Unos hacia un lado. Otros hacia otro. Pero moviéndose.

Y quizá ahí es donde aparece una pregunta incómoda: ¿dónde estamos nosotros durante esos cuatro años? Porque si tú no haces nada por aquello en lo que crees, inevitablemente estás dejando espacio para que otros construyan el país según sus propias ideas. Y después no basta con decir “qué barbaridad” o “vean cómo está Costa Rica”. Porque el abstencionismo no comienza únicamente cuando alguien no vota. También comienza cuando una persona decide vivir completamente desconectada de cualquier forma de participación ciudadana real.

Tal vez por eso deberíamos empezar a entender que involucrarse no necesariamente significa entrar a la política partidaria. A veces significa apoyar movimientos ciudadanos, participar en espacios comunitarios, colaborar con proyectos, aportar ideas, donar tiempo, sostener iniciativas o simplemente dejar de ser espectadores permanentes de todo lo que ocurre alrededor. Porque un país no se construye únicamente desde las urnas. También se construye —o se abandona— todos los días entre elección y elección.

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