Hemos manejado una campaña que se llama Apacigua tu ser interior para que Costa Rica pueda respirar en paz, e inicialmente se enfocaba en las elecciones del 2026: desde ahora manejar una campaña de altura, no pelear, no insultar, estar tranquilos, apaciguados, en calma. Pero hoy, con esta nueva encuesta del Semanario Universidad, me doy cuenta de algo importante: este concepto no termina en el 2026.
Tenemos que hacer un gran esfuerzo no solo por los próximos dos meses, sino por los próximos cuatro años. Y ese esfuerzo ya no es solo apaciguar el ser interior, sino trabajar de manera consciente para que Costa Rica pueda respirar en paz durante todo ese tiempo. En mi opinión, este cuadro pone en entredicho que realmente podamos respirar en paz con facilidad.
Un 45% de personas indecisas. Un 30% para doña Laura Fernández. Y los siguientes tres candidatos bastante lejos de alcanzarla. Y aquí quiero detenerme en ese 45%, porque yo creo algo muy claro: ese 45% de indecisos no es gente que esté con doña Laura. Son personas que todavía no han decidido, que no están ancladas al continuismo, y que probablemente se van a repartir entre el resto de los candidatos. De hecho, si hoy mismo me hubieran preguntado a mí, yo habría dicho que estoy indeciso. Así que ese grupo no es menor, es decisivo, y ahí es donde está el verdadero partido.
A partir de este punto, lo que yo voy a hacer —y lo digo con total honestidad— es olvidarme de cualquier candidato que no esté en los primeros cuatro lugares. Lamentablemente, aunque su plan de gobierno me guste mucho, aunque su forma de hablar me entusiasme, aunque su participación en debates me parezca brillante, cualquier cosa que me encante… voy a tener que obviarlo. No porque no valga, sino porque este momento del país ya no aguanta romanticismos políticos.
De esos cuatro principales, por supuesto, yo personalmente elimino cualquier posibilidad de votar por doña Laura Fernández. Así que quedan tres. Entre esos tres necesito enfocarme, verlos, estudiarlos, seguirlos. Luego escoger dos. Y finalmente, entre esos dos, votar por el que tenga más posibilidades reales de vencer al continuismo. Enviar al mejor soldado a la batalla electoral. Y si en esos dos uno me gusta muchísimo, pero el otro tiene más posibilidades de ganar, votaré por ese. Porque hoy no estamos escogiendo al más simpático, estamos escogiendo al que puede dar la lucha.
No necesito votar por un candidato solo porque diga que defiende la democracia y la institucionalidad. Eso debería ser el mínimo. Necesito a alguien que de verdad se rija por la Constitución Política, que entienda la responsabilidad histórica que tiene entre las manos y que nos garantice que dentro de cuatro años entregará el poder con serenidad.
Y en ese ejercicio honesto, yo ya he ido descartando. Ariel Robles, en mi análisis personal, ya no está en mi foco principal. Y hoy quedan solo dos, de manera clara, a quienes estoy observando con lupa para estudiar, escuchar, analizar y contrastar: don Álvaro Ramos y doña Claudia Dobles.
Creo que eso es lo más sano por hacer en este momento tan delicado para Costa Rica. Definir, decidir, aterrizar. Sin fanatismos. Sin odios. Sin fiestas políticas vacías. Con la cabeza fría y el corazón apaciguado.
Porque apaciguar hoy ya no es solo una campaña. Es una necesidad nacional.
Yo, por ahora, no puedo centrar públicamente mi atención en uno solo de los dos candidatos que he decidido seguir con mayor profundidad, porque para poder dirigir y sostener esta campaña necesito conservar una neutralidad honesta, una flexibilidad real frente a todos mis lectores y frente a todos los candidatos. Pero quienes ya logren tener claridad y tomar una decisión desde ahora, pueden y deben enfocarse en su candidato, acompañarlo, impulsarlo y empezar a trabajar desde ya por levantarle ese porcentaje. El tiempo es corto, el escenario es delicado, y cada punto que se gane desde hoy puede ser decisivo mañana.
