Candidatos emergentes

Como candidato emergente me refiero a aquellos que las últimas semanas aparecen con un discurso apropiado y envolvente, sin darnos tiempo de conocer con calma su trayectoria política, social, familiar y humana.

La posición de Apacigua tu ser interior para que Costa Rica pueda vivir en paz ha sido clara desde el inicio. No nace como una consigna política ni como una estrategia electoral, sino como un llamado profundamente humano: que cada costarricense pueda apaciguar su ser interior para atravesar este proceso electoral con calma, con conciencia y con responsabilidad emocional.

Cuando hablo de apaciguar, no hablo de indiferencia ni de pasividad. Hablo de bajar el ruido interno y externo para poder pensar con claridad. Hablo de sostener conversaciones sin gritos, de escuchar sin descalificar, de votar sin miedo. Hablo de vivir el periodo electoral —y especialmente el día E de las votaciones— desde la serenidad, no desde la confrontación.

De ahí nace también mi llamado a votar vestidos de color blanco. No a votar en blanco, como algunos han entendido, sino a votar de blanco. El blanco como símbolo de paz, de calma, de limpieza emocional. Un gesto sencillo, silencioso, no partidista, que nos recuerde que ese día no se trata de vencer a otros, sino de ejercer un derecho fundamental desde la tranquilidad interior.

En este proceso electoral en el que, de alguna manera, el universo me colocó —y que ha dado resultados que jamás imaginé para el movimiento Apacigua tu ser interior— he tenido la oportunidad de reunirme, entrevistarme y conversar con varios candidatos. En algunos casos, también con sus hijos, sus parejas, sus amigos cercanos. Ha sido una experiencia profundamente humana.

Conocerlos fuera del discurso, lejos del micrófono, sin el libreto político, ha permitido verlos como personas antes que como figuras públicas. En algunos encuentros incluso he podido conversar con vicepresidentes de distintos partidos políticos, siempre desde el respeto, la escucha y la neutralidad que caracteriza a este movimiento.

Con otros candidatos no logré concretar una cita. A veces por mi agenda, pero a estas alturas del proceso, mayoritariamente por la agenda de ellos. Y está bien. No todos los caminos se cruzan, y eso también forma parte del respeto mutuo.

Lo importante —y lo que quiero subrayar— es que este movimiento no busca adhesiones políticas ni pretende decirle a nadie por quién votar. Apacigua tu ser interior existe para cuidar el clima emocional del país, para recordar que la democracia no solo se defiende en las urnas, sino también en la forma en que pensamos, hablamos y sentimos durante todo el proceso.

Costa Rica merece llegar al día de las elecciones en paz. Merece que su gente vote con la cabeza clara y el corazón tranquilo. Y eso empieza, siempre, por cada uno de nosotros.

Revisando con calma mi agenda, puedo decir con total autoridad que las personas con las que no logré reunirme no fue por falta de tiempo de mi parte, sino por falta de tiempo de ellos. Yo hubiera hecho el esfuerzo necesario para recibirlos. Siempre lo hice. Sin embargo, ese esfuerzo tenía que venir también de las campañas de los candidatos, y en esos casos no se dio.

Haciendo un resumen preliminar del proceso, creo que muchos de ustedes ya han leído las entrevistas que he realizado. Y quienes no lo han hecho, pueden acceder a ellas tanto en mi Facebook como en mi blog. Ahí están, abiertas, sin edición tendenciosa, sin trucos. Conversaciones humanas, no interrogatorios políticos.

La mayoría de los candidatos —o casi todos— son hombres y mujeres que han estado presentes desde hace años en nuestra vida política costarricense. Los hemos visto como diputados, ministras, jerarcas o en otros cargos públicos. No los conocemos solo por esta campaña electoral, sino porque los hemos visto trabajar, tomar decisiones, equivocarse, acertar, sostener posturas. Eso nos permite armarnos una idea bastante clara de cómo actúan, de cómo piensan y de cómo se relacionan con el poder.

Estamos a quince días de las elecciones y, recientemente, aparecieron nuevas fichas en la campaña electoral. Candidaturas emergentes que irrumpen cuando ya llevamos semanas, meses y en algunos casos años observando a quienes han estado en la palestra política. Eso no es malo en sí mismo, pero sí requiere algo fundamental: discernimiento.

Mi recomendación —y la hago desde la calma, no desde el miedo— es que no nos dejemos llevar tan fácilmente por caras bonitas, sonrisas simpáticas o discursos frescos de último momento. Tampoco por el encanto de lo “nuevo” cuando ese nuevo viene acompañado de lazos políticos, afectivos o familiares que merecen ser observados con lupa.

No estoy diciendo que tengamos que quedarnos con unos candidatos y descartar a otros. No se trata de eso. Se trata de no dejarnos llevar con ligereza por emergentes de últimos días. Si alguien decide votar por un candidato que ha estado cuatro años —o más— en la vida política nacional, la tarea es relativamente sencilla: hay material, hay historial, hay evidencia. Pero si alguien decide votar por un emergente, está en todo su derecho de hacerlo… solo que la tarea es mucho más grande.

En ese caso, no alcanza con la sonrisa, la simpatía o el dinamismo. Hay que estudiar con más profundidad. Hay que revisar su actuar frente a temas sensibles: su relación con la religión en el ejercicio del poder, su postura frente a las poblaciones minoritarias, la forma en que trata a su equipo de campaña, cómo responde ante la crítica, cómo maneja el desacuerdo. Todo eso se puede observar, incluso en campaña, si uno mira con atención.

Apaciguar el ser interior no es apagar el criterio. Al contrario. Es usarlo mejor. Votar en paz también implica informarse en paz, pensar en paz y decidir en paz. Costa Rica no necesita decisiones apresuradas; necesita decisiones conscientes.

Y eso, al final, es una responsabilidad profundamente personal.

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