Con respeto y humildad, felicito a todos los chavistas que hoy fueron a la Plaza de la Democracia.

En repetidas oportunidades advertí que ese lugar podía ser peligroso, que no fueran, que tuvieran cuidado; incluso mencioné que algunos grupos habían llamado a llegar armados. El presidente, desde adentro de la Asamblea, incentivó a la gente que estaba afuera, lanzó ataques directos a los poderes de la República y habló de “derramamiento de sangre” tres veces en su comparecencia. El ambiente, honestamente, podía haber sido una chispa.

Pero… afuera, los costarricenses chavistas —molestos, preocupados, cargados de emociones por todo lo que está pasando— se comportaron como costarricenses de verdad.

Lo esperaron con banderas. Con saludos. Con gritos de apoyo. Pero no enardecidos. No furiosos. No peligrosos.

Se comportaron como ciudadanos pacíficos en un país que todavía cree, profundamente, en su identidad de paz.

Costa Rica respiró hoy gracias a ustedes, chavistas y no chavistas, que demostraron que este país aún sabe contenerse, aún sabe bajar el tono, aún sabe evitar que una tarde tensa se vuelva un desastre.

Y yo, que advertí tantas veces sobre el riesgo, hoy también me detengo para reconocerlo: ustedes sostuvieron la calma cuando era fácil dejarse llevar por el fuego.

Gracias.

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