Conversaciones que también hablan de democracia

Hay conversaciones que uno guarda en privado. Y hay otras que, sin necesidad de convertirse en espectáculo, ayudan a entender mejor el momento histórico que vive un país. Hace algunos días publiqué una reflexión sobre la ausencia de los expresidentes de Costa Rica en el acto de traspaso de poderes del 8 de mayo. No lo hice desde el enojo ni desde la confrontación, sino desde la observación de algo que me parecía profundamente simbólico: ocho expresidentes democráticos y constitucionales declinando asistir a una ceremonia que históricamente ha representado continuidad republicana, institucionalidad y concordia nacional.

Poco tiempo después recibí un mensaje del expresidente de la República, don Luis Guillermo Solís. Me agradecía la reflexión y utilizaba una expresión que me hizo pensar bastante. Me dijo que, al reconocer el silencioso pero significativo gesto de la expresidenta y los expresidentes, yo estaba ejerciendo “magistratura cívica”. La frase me pareció elegante, serena y profundamente democrática, especialmente en una época donde disentir muchas veces se interpreta automáticamente como atacar. Pero más importante aún fue la explicación que compartió sobre su decisión —y la de doña Mercedes Peñas— de no asistir al traspaso de poderes.

En el texto enviado a la Asamblea Legislativa, don Luis Guillermo reconoce el enorme valor democrático de la ceremonia y el respeto que merece el Primer Poder de la República. Sus palabras no contienen agresión ni insultos. De hecho, incluso desea que el evento fuera “lucido y lleno de alegría como es deseable en una democracia sólida y de solventes instituciones republicanas”. Sin embargo, también señala algo importante. Explica que las declaraciones públicas de la presidenta electa, en las que indicaba que ella no invitaría a los expresidentes, alimentaban una polarización que lesionaba el espíritu de concordia que debería rodear un acto de esta naturaleza. Y por esa razón, en nombre de ambos, decidían declinar la invitación cursada.

Ahí fue donde sentí que el mensaje trascendía lo político. Porque más allá de posiciones, lo que aparece en sus palabras es una defensa de algo que Costa Rica parece estar perdiendo poco a poco: la capacidad de disentir sin romper completamente los puentes institucionales y humanos. Eso fue, tal vez, lo que más me llamó la atención. No la ausencia. No el protocolo. Ni siquiera el gesto político. Sino el tono. Porque vivimos tiempos donde muchas personas creen que firmeza significa humillación, que liderazgo significa confrontación permanente y que tener carácter implica destruir emocionalmente al adversario. Y en medio de todo eso, encontrar un mensaje que mantiene desacuerdo, pero conserva respeto, termina sintiéndose extraño. Casi antiguo.

Y quizás ahí está precisamente el valor de conversaciones como esta. No en convertirlas en armas políticas, sino en recordar que una democracia madura también se construye desde la forma en que las personas se hablan entre sí, incluso cuando no comparten visión de país. Porque al final, los países no se deterioran únicamente cuando fallan las leyes o las instituciones. También se deterioran cuando desaparece la capacidad de sostener la diferencia con dignidad humana y con respeto básico hacia quienes piensan distinto.

Y en medio de toda esta conversación, hubo un detalle profundamente humano que también me tocó. En su mensaje, don Luis Guillermo no habló solamente de él. Habló de ambos. De él y de doña Mercedes Peñas. De cómo los dos decidieron declinar la invitación desde una posición de respeto institucional, pero también de coherencia personal frente al momento político que vive el país. Y confieso algo más íntimo. Mientras leía sus palabras, inevitablemente pensé en “La Mechita”. Así la llamaba mi hermano —q.d.D.g.— siempre con muchísimo cariño y respeto. Y de pronto sentí algo curioso: que los costarricenses también nos perdimos un poco de eso. Nos perdimos volver a ver a esa pareja presidencial entrando junta a una ceremonia republicana, como parte de esa memoria política y humana que también forma parte de la historia reciente del país.

Porque al final, los países no se construyen únicamente desde las instituciones, los discursos o los conflictos políticos. También se construyen desde los afectos, los recuerdos y esas figuras que terminan acompañando silenciosamente distintos momentos de nuestra propia vida.

“Desde Apacigua tu ser interior, agradecemos profundamente a los hombres y mujeres que ayudaron a construir la Costa Rica institucional, democrática y solidaria que muchas generaciones tuvimos el privilegio de conocer.”

Vinicio Jarquín

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