Martes por la mañana
Fui invitado por Inés Revuelta Sánchez a la presentación de su libro Costa Rica en voz de mujer. La actividad se realizó en el Salón de Jefes de Estado de la Asamblea Legislativa, un espacio cargado de simbolismo histórico, aunque en esta ocasión no había expresidentes presentes. Para mí era una buena oportunidad para acompañar a Inés y, al mismo tiempo, seguir observando ese entorno político que se ha convertido en parte del paisaje de estos meses tan intensos.
El evento tuvo un ambiente sobrio y muy bien cuidado. Hablaron la vicepresidenta de la Asamblea Legislativa, la Defensora de los Habitantes, una representante del Tribunal Supremo de Elecciones, la representante del Programa Estado de la Nación y la directora del Archivo Nacional. Entre intervenciones también disfrutamos algunas melodías interpretadas por un trío de flautas, que aportó una pausa musical muy agradable antes de escuchar finalmente a doña Inés presentar su obra.
Durante la mañana también tuve encuentros interesantes. Conocí a Benji Gómez, una mujer extraordinariamente hermosa y con una presencia muy particular, quien preside la Asociación Pro-Hospital San Rafael de Alajuela. Conversamos un rato y más tarde le ofrecí mi ayuda en lo que estuviera a mi alcance para apoyar su proyecto, que me pareció valioso y necesario.
Por iniciativa de Benji terminé sentado al lado de don Gustavo Gutiérrez, exrector de la Universidad de Costa Rica. Disfruté mucho esa conversación. Su tono, su pausa al hablar y su mirada transmiten una serenidad muy particular. Lamenté que, al terminar la actividad y levantarse la gente, no lograra despedirme de él con calma. Dichosamente nos encontramos de nuevo más tarde ese mismo día en la actividad de la Galería Talentum. Ambos seguíamos vestidos exactamente igual que en la mañana, ninguno se había cambiado de ropa, lo que nos hizo reconocer de inmediato la coincidencia del día. Allí pudimos conversar con más tranquilidad, más cercanos, casi como viejos conocidos. Ojalá pueda tenerlo cerca eventualmente; esas conversaciones valen mucho. Pero de ese encuentro les cuento más adelante.
La mañana también sirvió para saludar a varias figuras del ambiente político y académico. El asesor de Natalia Díaz incluso nos pidió tomarnos una fotografía a Benji y a mí. No sé si fue porque ella es muy reconocida, porque yo aparezco en muchos espacios últimamente, o simplemente porque nos vio juntos y le pareció una buena escena para registrar.
Aproveché además para conversar con periodistas, asesores legislativos, diputados y exdiputados. Ese tipo de encuentros siempre puede resultar útil para las funciones que hoy desempeño dentro de Apacigua, o incluso para explorar cómo desde Apacigua podríamos eventualmente apoyar algunos procesos ciudadanos o institucionales.
También hubo espacio para algunas fotografías y saludos. Me tomé fotos con doña Claudia Dobles, exprimera dama de la República, excandidata presidencial y hoy diputada electa; con Karen Segura, excandidata a la primera vicepresidencia junto a Álvaro Ramos; con Andrea Centeno, excandidata a la primera vicepresidencia con Claudia Dobles; con Tania Molina, excandidata a la primera vicepresidencia con Eli Feinzaig; con Heilen Díaz, excandidata a la vicepresidencia con Ana Virginia Calzada; con Abril Gordienko, diputada electa por el PUSC; y, por supuesto, con la anfitriona del evento, doña Inés.
Todo esto ocurre mientras avanzo en algo que ya les he contado: acabo de empezar el quinto libro que estoy escribiendo sobre estos tiempos políticos. La mala noticia es que ya son cinco los libros que llevo a medio camino y no sé cuándo podré avanzar en todos al ritmo que quisiera. La buena noticia es que el material sigue apareciendo y cada experiencia aporta una nueva pieza al rompecabezas.
Este último libro lo estoy abordando desde una metáfora que he llamado “fármaco dinámica”. En medicina, la farmacodinámica estudia cómo actúa una sustancia dentro del cuerpo y cómo el organismo reacciona ante ella. Yo estoy utilizando esa imagen para observar cómo el poder actúa en las personas que llegan a la Asamblea Legislativa y cómo cada una, según su historia, su carácter y su contexto, reacciona ante esa dosis de poder.
No es un libro partidario ni acusatorio. No es un ajuste de cuentas ni una defensa ideológica. Es más bien una mirada humana y estructural: qué ocurre cuando alguien pasa de ser un ciudadano común, a ocupar una curul; cómo influyen el edificio, el protocolo, los asesores, la visibilidad pública; cómo se transforma la identidad; cómo se metaboliza la presión; y qué sucede cuando esa investidura termina.
La Asamblea, que hasta hace poco era para mí un lugar distante, empieza a convertirse en un laboratorio simbólico para observar el poder en movimiento. Y mientras algunos escriben sobre la voz de la mujer en Costa Rica —con razón y con belleza— yo sigo intentando comprender otra dimensión del momento político: cómo se comporta el ser humano cuando el poder entra en su sistema.
