Cuando una decisión necesita demasiadas explicaciones

Hay acciones que necesitan muchas explicaciones porque la acción, por sí sola, deja demasiadas dudas. La presidenta Laura Fernández destituyó al ministro de Relaciones Exteriores, Manuel Tovar, mientras este se encontraba representando a Costa Rica durante la semana de alto nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Constitucionalmente puede hacerlo. La Presidencia de la República tiene la potestad de nombrar y remover ministros, y ese no es realmente el punto de discusión. El problema es todo lo que rodeó la decisión: el momento, el escenario diplomático, las reuniones que estaban ocurriendo, las gestiones internacionales en marcha y, sobre todo, la cantidad de preguntas que quedaron abiertas después de que el canciller fue removido de su cargo.

Tovar estaba desarrollando una agenda diplomática particularmente importante. Costa Rica se encuentra promoviendo la candidatura de Rebeca Grynspan a la Secretaría General de las Naciones Unidas y, justamente durante esos días, se realizaban conversaciones internacionales que podían tener relación con la búsqueda de apoyos para esa aspiración. Además, días antes Tovar se había reunido en Washington con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y posteriormente participó en Nueva York en una reunión encabezada por el presidente Donald Trump. Según se ha informado, precisamente las circunstancias alrededor de esa última reunión forman parte de la explicación ofrecida por Casa Presidencial para justificar su destitución. Hasta ahí están los hechos conocidos. A partir de ahí comienzan las preguntas, las interpretaciones y las conjeturas.

Y quiero ser particularmente cuidadoso con esto, porque lo siguiente no son afirmaciones. No tengo pruebas de que ninguna de estas posibilidades sea cierta. Son simplemente ejemplos de las interpretaciones que inevitablemente aparecen cuando una decisión política de semejante importancia deja espacios sin explicar. Imaginemos, por ejemplo, al propio Manuel Tovar preguntándose si existía alguna otra razón para que la Presidenta decidiera removerlo precisamente en ese momento. Imaginemos a una parte de la población preguntándose si existe otro nombre pensado para ocupar la Cancillería, e incluso especulando con figuras cercanas al Gobierno. Imaginemos también a Rebeca Grynspan observando desde afuera cómo, justamente durante una semana importante para su candidatura, desaparece de la escena quien encabezaba la representación diplomática costarricense y estaba participando en conversaciones internacionales de alto nivel.

Y todavía podemos ir un poco más lejos. ¿Qué podría interpretar el Gobierno de Estados Unidos cuando el canciller de un país aliado participa en una reunión encabezada por Donald Trump y, poco después, es removido de su cargo precisamente por circunstancias relacionadas con esa reunión? No estoy diciendo que Donald Trump lo haya interpretado como un desaire. No sé qué pensó Donald Trump. No sé qué pensó Marco Rubio. No sé qué pensó Rebeca Grynspan. No sé qué pensó Manuel Tovar. Y justamente ahí está el problema: no deberíamos tener que imaginarlo. Cuando una decisión presidencial afecta simultáneamente al canciller, a la representación de Costa Rica ante las Naciones Unidas, a una relación internacional estratégica y potencialmente a una candidatura costarricense de enorme importancia, la explicación debería ser proporcional al tamaño de la decisión.

La presidenta dio posteriormente una explicación: señaló que Tovar no le trasladó una invitación que correspondía a ella y consideró la situación suficientemente grave como para justificar su destitución. Puede ser exactamente eso. También puede haber información interna que la ciudadanía desconozca. Pero cuando una decisión de Gobierno necesita reconstruirse después mediante declaraciones, aclaraciones, entrevistas y explicaciones sucesivas, queda abierta la posibilidad de que el problema no sea solamente la decisión, sino la manera en que fue ejecutada y comunicada. Gobernar también consiste en administrar los mensajes que producen las acciones. Una decisión puede ser perfectamente legal y, al mismo tiempo, resultar políticamente confusa. Puede estar completamente justificada y, aun así, haberse ejecutado en un momento desafortunado. Puede tener una explicación sencilla detrás y producir diez interpretaciones diferentes afuera.

Y cuando eso ocurre, el vacío nunca permanece vacío. Lo llenan los rumores, las sospechas, los adversarios, quienes defienden al Gobierno, los periodistas y también los ciudadanos intentando comprender qué sucedió. Quizás ninguno de los escenarios que mencioné sea cierto. Perfectamente pueden ser producto de mi imaginación. Tal vez las razones sean exactamente las que ofreció la Presidenta. Tal vez existan otras que todavía desconocemos. Tal vez dentro de algunos días todo resulte mucho más sencillo de comprender. Pero una cosa sí me parece importante: cuando una acción de Gobierno necesita demasiadas explicaciones posteriores, probablemente faltó una explicación suficiente en el momento de ejecutarla.

Y cuando se gobierna un país, especialmente en materia internacional, no solamente importa lo que uno quiso decir con una decisión. También importa muchísimo lo que los demás pueden entender de ella.

2 comentarios en “Cuando una decisión necesita demasiadas explicaciones”

  1. Estoy muy de acuerdo con esta reflexión. A veces uno no tiene todos los elementos para entender una decisión, y precisamente por eso creo que lo más sano es no adelantarnos a sacar conclusiones. Pero también es válido preguntarse por qué una decisión tan importante necesita tantas explicaciones después.
    Al final gobernar también es comunicar con claridad y generar confianza. Ojalá pronto tengamos toda la información para entender qué pasó y por qué. Mientras tanto, creo que preguntar y pedir explicaciones no es atacar; es simplemente ejercer nuestro derecho a entender.
    ⚖️ 🇨🇷 ⚖️

  2. Hugo Garita Sánchez

    Muy bien el análisis y el cúmulo de dudas y sospechas que están detrás de tan pésima decisión, pero también hay que tomar en cuenta el nombramiento de Don Carlos Alvarado en un importante cargo en la ONU, sin conocimiento de la Presidencia de CR, de ahí es que dicha Sra. dijo que la ONU le ha quedado debiendo. Felicitaciones y éxitos a Don Carlos Alvarado, ex Presidente de la República

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio