Cuando una foto no dice toda la historia

Alguien me escribió en privado con una serie de ofensas porque encontró una fotografía mía con un expresidente de la República. Y en este país —no sé si en otros—, aparecer en una foto con alguien parece significar que uno está de acuerdo con absolutamente todo lo que esa persona piensa, dice, come o sueña. Pero no es así.

He sido fotografiado en distintos momentos de mi vida con varios expresidentes y figuras públicas. No porque compartamos ideología, sino porque coincidimos en lugares, en vuelos o en actividades donde simplemente se dio la oportunidad. Tengo fotografías con don Óscar Arias Sánchez, con don Rafael Ángel Calderón y con doña Gloria Bejarano, con quienes compartí dos vuelos. También he sido fotografiado con doña Laura Chinchilla, con quien coincidí en un vuelo de regreso a Costa Rica.

Con don Carlos Alvarado y doña Claudia Dobles tengo otra fotografía, tomada un día en que estaban trabajando en un parque cerca de mi casa. Me acerqué y quise saludarles, como cualquier ciudadano que se topa con un presidente y su esposa. También he sido fotografiado con doña Margarita Penón, a quien admiro por su temple y su aporte a la historia reciente del país.

Aprecio profundamente a don Luis Alberto Monge y a don Abel Pacheco; este último, además, es vecino mío. Y hay una foto que siempre llama la atención: aquella en la que estábamos juntos don Rafael Ángel Calderón Fournier, don Óscar Arias, George Bush padre y yo, en un mismo evento. Una imagen curiosa, pero nada más que eso: una coincidencia entre personas que, en ese momento, compartíamos un acto público.

He conversado con Carlos Menem, expresidente de Argentina, y con el primer ministro de Aruba, quien la última vez que estuvo en Costa Rica tuvo la amabilidad de traerme un regalo personal. También he sido fotografiado con Isabel Pantoja, y puedo jurar que no canto como ella.

Y quizá la anécdota más particular de todas: estuve solo, a puerta cerrada, en una habitación con Bárbara Bush, quien en ese momento era la primera dama de los Estados Unidos. Fue una experiencia curiosa, inesperada, pero nada más que eso: una conversación amable con una mujer inteligente y cordial, sin ninguna relación política o ideológica de por medio.

Así que, antes de que alguien saque conclusiones, aclaro: esas fotografías no dicen nada, no representan nada y no me comprometen con nada. Son retratos de momentos, no de pensamientos. Si algún día me ven en una foto con Mickey Mouse, la única coincidencia que él y yo tenemos es el tamaño de las orejas.

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